No puedo evitar escribir este post comentando la emocionante experiencia que ayer nos brindaron los leones marinos, particularmente uno, del Zoo de Madrid.

Como sabéis llevo más de un año formando a los entrenadores del Zoo para cambiar su protocolo de entrenamiento conductista por uno cognitivo-emocional, esto es difícil con un equipo y unos animales que tienen que hacer varias exhibiciones cada día porque la introducción del nuevo modelo debe hacerse sin que se afecte la calidad de las conductas entrenadas de la anterior manera, algo que suponía un reto, pues hasta ahora siempre que había trabajado con entrenadores y animales experimentados no tenían problema en que se perdiera temporalmente la eficacia del entrenamiento.

La pieza clave para el éxito ha sido el equipo de entrenadores de mamíferos marinos, desde una cierta y muy razonable suspicacia inicial (¿quién es este tío de los perros que dice que los bichos pueden trabajar sólo para divertirse y para hacer algo junto a sus amigos humanos? Y sobre todo ¿qué ha fumado y quién es su camello?) hemos avanzado a tener una total confianza, además Carlos de las Parras, el jefe del equipo, y yo hemos conectado perfectamente, con un sentido del humor salvaje muy similar (creo que hemos horrorizado a buena parte de la gente que nos escuchaba) y una visión común del entrenamiento de animales que se aleja de la mística del “don inexpresable” y se centra en el trabajo continuado y consistente sobre conocimientos de calidad, ha sido el responsable de un equipo de entrenadores con el que más fácil me ha sido trabajar en toda mi trayectoria. Con mucha diferencia. Gracias Roy, Miguel, Carlos, Cacha, Pablo, Arancha, Craig, Roy, Berta e Irene (también tú Antonio, pero coño ven más).

Pero vamos al turrón, que empiezo con agradecimientos y ñoñerías varias y se me va la pinza, ya me extenderé en ese tema cuando toque. El caso es que ayer teníamos sesión de trabajo. Era una sesión relevante porque sería la primera en la que retiraríamos en varios leones marinos completamente el refuerzo primario (la comida) para dejar solamente procesos de refuerzo social (uso del afecto) y de auto-refuerzo de las conductas previamente entrenadas. El final del camino, vaya.

Lo cierto es que por diferentes motivos llevábamos tres semanas sin que yo fuera al Zoo y además dejaba en casa a uno de mis perros que está recién operado, mi cabeza no estaba al cien por cien en el trabajo y mi idea era repetir el último entreno que hicimos y dejar este avance, el más importante, para la semana siguiente. Pero en el Zoo el equipo de entrenadores había hecho los deberes y los animales tenían volumen de entreno de la fase anterior como para poder avanzar y, como es lógico, todos querían ver (¡por fin!) cómo se portarían los animales cuando supieran que, después de años de trabajo con refuerzos primarios, ya no aparecería comida durante la sesión de trabajo. Así que de repetir la sesión anterior nasti, era día de todo o nada.

Empezamos con Simón, un Patagonia que está muy vinculado a Pablo el entrenador que haría la sesión con él. Hicimos un breve recordatorio sobre cómo debíamos trabajar en esta etapa y los evaluadores que había que tener en cuenta para saber si el trabajo iba bien o era excesivo o inadecuado. Simón no es demasiado activo y era importante no alargarnos demasiado. Todo empezó bien, pero al rato uno de los evaluadores -que el animal al indicársele que podía actuar libremente no buscara el contacto afectivo con el guía- nos advertía de que la sesión se le hacía larga. Queríamos meter unos ejercicios más (el fallo más común de los entrenadores de cualquier especie), así que Pablo indicó a Simón que fuera a su espacio de calma para poder relajarse y continuar. Cuando volvió al trabajo se nos reactivaban los evaluadores de que la sesión era larga, así que lo dejamos. Un sabor agridulce: los evaluadores actuaron adecuadamente por lo que supimos cuándo tocaba parar y Simón había trabajado sólo con refuerzo social y auto-refuerzo, pero muy poco tiempo, era lo que habíamos comentado que podía sucedernos en las primeras sesiones de esta última etapa, todo se atenía a lo previsto pero desde luego no era un estallido de vistosidad.

Ahora le tocaba a Elvis y este nos preocupaba un poco más, Elvis es un California y, si los leones marinos de la Patagonia como Simón son los labradores, los de California son los malinois. Muy activos y con un carácter fuerte e impulsivo tienen una mayor tendencia a frustrarse y también es más fácil que muestren agresión. Irene, su entrenadora (y yo, y tod@s) temíamos que cuando Elvis descubriera que no iba a aparecer comida pudiera excitarse y frustrarse, volviéndose difícil de manejar hasta que se le llevara al espacio de calma (recordemos que no es un espacio físico, sino la inducción de relajación a través de una conducta-marco específica). Elvis salió con todo su nervio y empezamos a solicitarle las secuencias de conductas que se habían entrenado para ser auto-reforzantes. Las hacía con velocidad e implicación, parecía divertirse, pero aún no podíamos saberlo con seguridad. Cuando se le dejaba actuar libremente buscaba a Irene como a una buena amiga con la que compartir la diversión, la cosa iba bien.

Empezamos a ver con claridad cómo Elvis se lo pasaba mejor realizando las conductas en compañía de Irene y dirigido por ella que esperando comida, hasta que en un momento dado todos los entrenadores que estábamos en la grada rompimos espontáneamente a aplaudir: Irene y Elvis nos estaban enseñando en vivo lo que había sido nuestro objetivo durante un año. Todo había salido perfecto (recordad la máxima: detrás de un trabajo perfecto siempre hay un adiestrador sorprendido fingiendo naturalidad, en este caso la naturalidad no nos salió :) ).

Pero Elvis aún nos tenía guardadas un par de sorpresas, cuando Irene jugó con él -espacio de juego- la buscaba activamente para que el juego fuera compartido, no tenía interés (como siempre sucedía antes) en tener el juguete si no era para interactuar con Irene. Dimos por terminada la sesión entre sonrisas y parabienes, habíamos decidido que para dejarles en sus instalaciones individuales mantendríamos el refuerzo de comida, porque esa conducta no podía ser autosatisfactoria y usar el afecto como refuerzo en este caso nos parecía injusto. Además no podíamos arriesgarnos a que, si no salía el trabajo, los animales deteriorasen una conducta tan importante para su manejo cotidiano.

Todos suponíamos que el gran hambrón que era Elvis iría rápido y feliz a guardarse para recibir su pescado cuando Irene se lo indicó, pero Elvis ignoró la oferta de comida: quería seguir haciendo cosas con su amiga. Aquí todos flipamos in colors y no pudimos evitar emocionarnos, después de años de trabajo en los que lo único importante era obtener un premio de comida habíamos conseguido que Elvis prefiriese estar con su entrenadora y realizar las conductas “de gratis” que un seguro y suculento refuerzo de comida a cambio de una conducta.

Fue un momento tan emocionante y bonito que creo que es justo compartirlo más allá de las palabras con algun@ de los lector@s de esta página y de l@s seguidor@s de EDUCAN, así que, si mi Wemamámaster da su permiso, que no veáis lo que manda, el próximo concurso en el Facebook de EDUCAN será para que uno de vosotr@s me acompañe en un entrenamiento en el Zoo en el que los animales trabajen por el gusto de hacerlo y de disfrutar de la compañía y afecto de su entrenador@. Palabrita del niño Jesús.

Este jueves trasladan a las dos crías de delfín del Zoo de Madrid, Romeo y Rumbo, como no me toca ir a trabajar con el equipo de entrenadores hasta el martes de la semana que viene ya me he despedido de ellos.

Para mí ha sido muy emocionante, porque los dos pequeñines han sido claves en el proyecto de desarrollo del entrenamiento cognitivo-emocional aplicado a mamíferos marinos y lo han sido de una manera que nunca hubiera sospechado. Os lo cuento porque es una bonita historia en mi opinión.

Como sabéis una de las premisas actuales de entrenamiento cognitivo-emocional es aprovechar el afecto como motor de conducta, este siempre es un tema polémico con la mayoría de entrenadores, que suelen conocer únicamente el condicionamiento operante y tienden a pensar que los animales son muy egoístas y necesitan obtener un beneficio individual para generar conducta. Todos sabéis a lo que me refiero. Hoy sabemos que el supuesto “egoísmo” viene precisamente de nuestra manera de entrenar: cuando única y sistemáticamente uso refuerzos individuales conseguiré que el perro (o delfín) sólo espere este tipo de refuerzos en el entrenamiento.

Cuando esto me sucede con entrenadores de perros no suele ser mucho problema mostrar cómo activar los motores sociales -el afecto- como motor de conducta, pues la gran mayoría de perros tienen un vínculo afectivo con las personas con las que conviven que se construye durante todas las interacciones que tenemos con ellos y no únicamente durante el entrenamiento (sí, achucharles en el sofá se considera interacción).

Sin embargo con los delfines sometidos a entrenamiento había un par de problemas: las interacciones se sistematizan en base a criterios de entrenamiento operante, además los delfines del zoo llevan, perdón llevaban :) , muchos años de este tipo de entrenamiento, por lo que no podía encontrar interacciones afectivas espontáneas para explicar a los entrenadores la importancia de los motores sociales y el cómo se podían atrofiar con programas de trabajo de condicionamiento operante (que era lo que ya había pasado). Tumbarse en el sofá abrazando un delfín no es algo demasiado habitual.

Esto me quitaba la opción de poder mostrar, además de argumentar, la relevancia de los motores sociales, así que cuando lo expliqué usé principalmente ejemplos con perros (afortunadamente muchos de los entrenadores tienen perro). Me fastidiaba porque cuando los entrenadores pueden reconocer las conductas afectivas en los animales sometidos a entrenamiento es cuando les cambia la visión del entrenamiento de manera inmediata.

Pero había algo con lo que no contaba: Romeo y Rumbo.

Unos días después de explicar la importancia del afecto y los riesgos de no incorporarlo al entrenamiento teníamos una clase teórica. Antes de empezar vi que los entrenadores estaban especialmente sonrientes ¿qué pasaba?

Se habían dado cuenta de que los bebés delfín les invitaban a jugar, buscaban las caricias, querían que les rascasen la lengua (es algo que les encanta)… Esto era algo que siempre habían visto y pensaban que esta conducta tan social iba disminuyendo según se hacían adultos de manera natural, pero después de nuestra clase se habían puesto a observar con una visión crítica: los pequeños delfines dejaban de intentar estas interacciones en cuanto se usaba el silbato (un reforzador condicionado como el clicker) y sólo estaban pendientes de la comida, incluso rechazando estos juegos. Sin embargo cuando no había sesión de entrenamiento volvían a provocar a los entrenadores para jugar y ser mimados.

Los entrenadores se dieron cuenta de inmediato de que tenían que cambiar su protocolo si no querían seguir potenciando las conductas egoístas. Nunca me ha sido tan fácil introducir las pautas de interacción afectiva, de hecho con la ayuda de los entrenadores del Zoo hemos diseñado unos protocolos para recuperar las capacidades afectivas de animales sometidos únicamente a entrenos operantes durante largo tiempo.

Así que tengo dar las gracias a Romeo y Rumbo por ayudarme a mostrar lo importante y natural que es usar el afecto como motor de conducta. Aunque a ellos no les costó demasiado esfuerzo: sólo querían ser amigos de esos bichos tan raros que viven fuera del agua, algo natural en todos los mamíferos sociales.

Porque lo difícil no es que nos muestren afecto, lo difícil es que nosotros sepamos reconocerlo y corresponderlo.

Tras unos cuantos meses de estudiar los protocolos de entrenamiento de delfines, leones marinos, psitácidas y rapaces en el zoo de Madrid, ayer empezamos la segunda parte del proyecto conjunto de Zoos Ibéricos y EDUCAN, la formación de sus entrenadores en el modelo cognitivo-emocional.

Yo tenía algo de prevención ante esta segunda etapa, en la primera nuestro único riesgo era resultar pesados, con tanta toma de datos y cuestionarios como le pasamos a los entrenadores (casi doscientos cuestionarios con cuarenta preguntas cada uno), pero el impartir formación para expertos que, en algunos casos, tienen más de veinte años de experiencia en el entrenamiento de animales era peliagudo.

Todos sabemos lo susceptibles y “especialitos” que somos los adiestradores ;) , lo defensivos que podemos resultar ante ideas nuevas o que no encajen con nuestra visión del entrenamiento, en este caso, además, esas ideas las aporta una empresa cuya experiencia está referida a otros animales diferentes.

En muchas ocasiones en las que he impartido formación para otros profesionales me he encontrado preguntas capciosas, buscando desmontar los argumentos de la exposición, reticencias a los argumentos científicos que no cuadrasen con los conocimientos previos o con la filosofía de entrenamiento o un mutismo altivo de “estoy juzgándote desde la altísima posición que me concedo a mí mismo” (en esto de auto-valorarnos los adiestradores no solemos pecar de modestia). Con el equipo de entrenadores del Zoo habíamos tenido muy buen rollo hasta ahora, pero darles clase era otra cosa.

Ahora procede que os cuente cómo fue: Salió perfecto :) , en primer lugar el biólogo responsable de todas las especies que son entrenadas para exhibición (el jefe, vaya) era el primero en estar allí tomando apuntes, preguntando, ahondando en cada tema (lo que pasa es que nos liamos a hablar de neurología de la conducta y si nos dejan aún seguimos). Todos los entrenadores presentes preguntaban con intención de aclarar los conceptos nuevos y no buscando desmontarlos, de hecho enseguida empezaron las preguntas sobre cómo aplicarlos en casos concretos (¡tranquilos, sólo es el primer día!), lo que siempre es un indicador de que se le da credibilidad a la información presentada.

Al final tuve que interrumpir la clase para no excedernos demasiado del tiempo previsto, lo que tiene mucho valor si tomamos en cuenta que este curso se imparte fuera de la jornada laboral de los entrenadores y tienen que quedarse dos horas de su tiempo libre en el trabajo después de su horario habitual.

Particularmente me alegró que uno de los entrenadores, Pablo Roy, que fue de los que iniciaron este proyecto, se hubiera recuperado después de unos meses de severos problemas con su espalda. Hubiera sido muy injusto que él precisamente no pudiera acudir a las clases.

Estaremos impartiéndoles formación tres días en semana desde ahora hasta finales de Febrero, aunque la última fase del proyecto -utilizar protocolos de entrenamiento cognitivo-emocional con las especies indicadas- empezará algo antes, solapándose con el final del curso ¡Deseadme suerte!

Hola a tod@s,

En otro post comentaba que estábamos pendientes de un proyecto muy importante para EDUCAN, pues bien ¡ya está en marcha!

Hemos firmado un convenio con ZOOS IBÉRICOS, entidad perteneciente a Parques Reunidos la empresa que posee más instalaciones de Zoos y Aquariums en todo el mundo, para aplicar trabajo cognitivo-emocional al adiestramiento multiespecies, empezaremos por leones marinos, loros y delfines en el Zoo de Madrid.

Como estoy muy ilusionado por la puesta en marcha de este proyecto y me puedo dejar llevar por el entusiasmo al escribir sobre ello, me voy a limitar a “copiar y pegar” del documento firmado con ZOOS IBÉRICOS la parte referida al objetivo de esta colaboración. Únicamente añado las negritas para resaltar las partes que me parecen más interesantes (y porque mi webmaster del universo me ha dicho que en los blogs hay que poner negritas).

OBJETO DEL CONVENIO

El objeto principal de la colaboración para ambas partes es diseñar, aplicar y evaluar los resultados de nuevos protocolos de adiestramiento para diversos animales tomando como parámetros principales el aprovechamiento de las capacidades cognitivas de cada especie, su estado emocional y sus pautas sociales específicas, pilares del adiestramiento cognitivo-emocional.

Este objetivo principal tiene dos sub-objetivos:

1. Bienestar animal:
Los nuevos protocolos buscarán dar mayor calidad de vida y trabajo a los animales a los que se apliquen, coincidiendo ambas partes en primar el bienestar animal sobre la vistosidad de las conductas entrenadas.

Se ha planteado desde la etología más actual que los animales generan conducta de forma diferente según estén en un entorno de lucha por la supervivencia (riesgo de predación, dificultad para obtener los recursos, necesidad de una defensa activa del territorio…) o en un entorno de bienestar (entorno seguro donde no son previsibles riesgos para el animal y abundan los recursos). Una gran mayoría de las técnicas actuales de adiestramiento (aún usando estímulos positivos) se basan en cómo generan conducta los animales en entornos de supervivencia, empeorando los resultados cuando la calidad de vida del animal es óptima.

Uno de los principales objetivos, técnico y ético, de esta colaboración es desarrollar protocolos de trabajo que tomen como referencia la forma en que los animales generan conducta en entornos de bienestar, siendo el motivo de los animales para trabajar no asegurarse la supervivencia sino mejorar su bienestar físico, emocional y social.

2. Investigación:

Incorporar los conocimientos más actuales de etología al entrenamiento de animales, evaluando los resultados.

Este proyecto es pionero en:

a. Aprovechar los procesos cognitivos conocidos en cada especie para su adiestramiento. Hasta ahora el condicionamiento operante ha sido el principal mecanismo de trabajo para el adiestramiento de animales, esto es ventajoso porque es un proceso que funciona en la práctica totalidad de los animales que son adiestrados. Sin embargo la etología cognitiva nos ha demostrado que las diferentes especies pueden tener procesos mentales como la capacidad de solución de problemas, el aprendizaje por imitación (como sucede en el caso de aprendizaje por modelo-rival estudiado por Pepperberg en psitácidas)… aprovechar estas capacidades específicas permite mejorar el trabajo pues muchos de estos procesos cognitivos son auto-satisfactorios, por lo que utilizándolos se reduce drásticamente la necesidad de refuerzo externo, consiguiendo una conducta más consistente, un mejor estado emocional del animal, que se divierte consiguiendo realizar la conducta, viendo el animal la conducta entrenada como una meta en sí misma y no sólo como una puerta que abre la despensa (reforzador primario externo).

Estos procesos cognitivos también permiten que el animal se autoevalúe y se potencia la capacidad de refuerzo interno.

Si utilizamos estos procesos el animal disfrutará del hecho de estar trabajando y sus sesiones de adiestramiento tendrán un efecto de enriquecimiento ambiental que redunde en una mejora del bienestar del animal. Además serán necesarias menos sesiones de mantenimiento, las mejoras serán más rápidas y la calidad del trabajo más estable.

b. Evaluar y optimizar el estado emocional de los animales durante su adiestramiento y durante las exhibiciones, disminuir el distrés y mejorar la gestión del estrés en los animales entrenados, evaluar y promover la aparición de estados emocionales positivos y tener un seguimiento fiable del bienestar emocional de los animales adiestrados.

c. Aprovechar de forma estructurada y protocolizada procesos sociales de las especies trabajadas, como la vinculación afectiva, buscando que la interacción con el entrenador durante las sesiones de adiestramiento y exhibiciones sea un objetivo deseable y satisfactorio en sí mismo para el animal. Hoy sabemos que el afecto es un potente motor de conducta en muchos mamíferos sociales, aunque esto se ha aprovechado de manera intuitiva por parte de los adiestradores desde hace mucho tiempo no se ha hecho de forma ordenada, estudiada y reproducible como sistema de trabajo. Uno de los objetivos de la colaboración es sistematizarlo para las especies que se trabajen.

…y, también extraído del convenio, una de las competencias de EDUCAN será:

- Diseñar protocolos, esquemas y técnicas de trabajo para las diferentes especies.

En fin un proyecto MUY ilusionante, que nos va a tomar mucho trabajo (creo que tendremos que restringir algunas actividades comerciales para poder dormir de vez en cuando) pero que es un paso de gigante para la necesaria actualización de paradigma en el adiestramiento de animales.

Tengo que agradecer a Miguel Bueno Brinkmann, biólogo conservador de aves y mamíferos marinos del Zoo de Madrid, y a Pablo Roy, responsable de adiestramiento de leones marinos del Zoo de Madrid por su interés y ayuda para el arranque de este proyecto.

En fin… ¡QUE ESTOY MÁS CONTENTOOO! :) :)