Dándonos un respiro antes de publicar el siguiente (y espero que último) artículo sobre las Cualificaciones Profesionales referidas al adiestramiento canino voy a escribir sobre un tema relacionado: La extraña impresión y reacciones que causa en nuestro entorno la decisión de dedicarnos profesionalmente al entrenamiento de perros.

Estoy convencido de que comunicar que uno quiere prepararse para ser adiestrador y posteriormente trabajar como tal no provoca ni de lejos la misma sensación en nuestro interlocutor que causaría que dijéramos que queremos ser médicos, mecánicos, conductores de ambulancia o torneros-fresadores. La reacción es más bien similar a la que tendrían si hubiéramos optado por ser cantantes de rock, cazadores de tesoros o buscadores de ovnis.

Por algún motivo inicialmente nuestras familias parecen considerar que esto del adiestramiento es una especie de aventura digna de Indiana Jones, que bien es sabido que después de jugar a ser él mismo vuelve a su trabajo de verdad como profesor de arqueología, trabajo que debió aceptar para que su madre se callara de una buena vez y le dejara calzarse la chupa de cuero y largarse por esos mundos a desenterrar tesoros, que era lo que de verdad le apetecía.

Lo cierto es que si tomamos a Madonna o a Indy como elementos de comparación parece que nuestras familias tienen algo de fundamento en sus advertencias. Seamos sinceros, no hay demasiadas Arcas de la Alianza o Santos Griales por el mundo y, obviamente, reina del pop sólo hay una (con perdón de Lady Gaga). Por ello estos trabajos son un poco chungos para absorber a muchos profesionales y como meta laboral parecen nutrirse más de ilusión que de estimaciones mínimamente realistas.

Pero el entrenamiento de perros y el trabajo sobre su conducta es uno de los sectores que, pese al parón de la crisis, más está creciendo y que cada vez necesitará más profesionales para cubrir una demanda continuamente en aumento, por lo que es muy injusto comparar a quien quiere ser adiestrador con quien aspira a montar una banda de Rock, que también está muy bien pero que tiene menos demanda.

Así que la comparación de nuestro trabajo con el de estas profesiones no puede sostenerse tomando en cuenta las posibilidades laborales ¿en qué se basa entonces? En una sola cosa: la ilusión de dedicarnos a lo que nos gusta disfrutando de cada jornada de formación o trabajo. Esto siempre le parece sospechoso a nuestro entorno, parece que un trabajo debe ser penoso y desagradable (o al menos no puede ser divertido) para ser un trabajo de verdad, y esto no es cierto. En momentos duros, como los que la crisis nos está trayendo, el dedicarse a lo que a uno le gusta le puede ayudar mucho a superar una menor remuneración o la exigencia de más horas para facturar lo mismo. Es ahora, cuando los trabajos de toda la vida ya no son seguros y que no disfrutar de tu jornada laboral lo único que te garantiza son ocho horas de aburrimiento, cuando muchos están volviendo a sus verdaderas vocaciones, a esas profesiones que son un premio en sí mismas. Si te gusta, creo que debes apostar por dedicarte al adiestramiento: Tendrás los pies en la tierra al entrar en un sector en crecimiento, pero también estarás tocando las nubes y cada día se hará más ligero y enriquecedor.

Apuesta por lo seguro, apuesta por disfrutar con lo que haces ;) .

En el anterior post comentábamos que, en principio, los Certificados de Profesionalidad vinculados a las Cualificaciones Profesionales relacionadas con el entrenamiento de perros no resultarían obligatorios para ejercer la profesión, pero esta falta de obligatoriedad no debe ocultarnos las múltiples ventajas que supone obtener dichos Certificados.

Recordemos que el objetivo de las Cualificaciones Profesionales era posibilitar a los trabajadores que así lo deseen obtener una Acreditación Oficial sobre su competencia en el desempeño de su trabajo, esto obviamente ya es una ventaja porque al hacernos publicidad, si nos decidimos por el auto-empleo, u optar a un puesto de trabajo, no tenemos que “convencer” de nuestra preparación para realizar el adiestramiento: el Certificado de Profesionalidad o la acreditación de alguna de las Unidades de Competencia valida nuestra capacidad para el ejercicio de las acciones profesionales descritas en ella.

Además es un objetivo importante de las Cualificaciones Profesionales facilitar la movilidad de los trabajadores en el mercado nacional y europeo, por lo que los certificados tienen validez en toda Europa ¿esto qué supone a nivel práctico?

Bien, aquí tenemos que entrar en el farragoso tema de las legislaciones autonómicas: Quienes lleven un rato metidos en esto del adiestramiento profesional sabrán que, a raíz de la publicación de la polémica Ley Nacional de animales potencialmente peligrosos y el Real Decreto asociado, es cuando empiezan a surgir estos temas de la necesidad de cumplir determinados requisitos para ser adiestrador puesto que en esta ley se citaba expresamente la necesidad de regular a los adiestradores de guarda y defensa (y únicamente a estos) pues, por la relación de estos tipos de entrenamiento con la agresión, se consideraba que estos adiestramientos podrían suponer un factor de riesgo.

La puesta en marcha de dicha ley debía ser llevada a cabo por las autonomías, y aparecieron tres posibles afrontamientos autonómicos del problema:

1 Autonomías que aún no han legislado al respecto.

2 Autonomías que han legislado exactamente lo que requería la ley nacional: a los adiestradores que llevan a cabo adiestramientos de guarda y defensa, requiriéndoles unas condiciones y el registro de su actividad laboral en este aspecto.

3 Autonomías que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, (y que el/los profesional/es experto/s que les asesoraba/n tenía intereses directos en el sector) decidieron ir más allá del texto de la ley nacional que, recordemos, hacía mención EXPRESA y ÚNICA a los adiestradores de guarda y defensa, y exigir el cumplimiento de determinadas condiciones para ser adiestrador de perros de cualquier especialidad e incluso para trabajar en núcleos zoológicos. Normalmente parecía que parte de estas condiciones (¡oh casualidad!) eran pasar por la escuela de formación de estos asesores. Esto en realidad nunca fue así, porque el estado no otorga este tipo de monopolios y en todas estas autonomías a nuestros alumnos, cuando presentaban los certificados formativos obtenidos en nuestra escuela, se les concedía la capacitación en esa Comunidad, si bien es cierto que en algún caso desde la Consejería correspondiente se pusieron en contacto con nosotros para recabar algún dato sobre nuestra empresa o sobre el curso que había recibido el alumno, con el objeto de confirmar la idoneidad de la formación. En el cien por cien de los casos consultados nuestros alumnos obtuvieron su capacitación para ejercer a nivel autonómico. Nunca ha sido cierto que hubiera que pasar por determinadas escuelas para poder ejercer, han sido maniobras de mediocres para conseguir gracias al miedo unos clientes que eran incapaces de captar en el libre mercado, bien por la falta de calidad de sus productos formativos, bien por la incompetente gestión de sus responsables.

En otras comunidades también surgían convocatorias de exámenes para capacitarse como adiestrador a nivel autonómico que, por la tardanza en convocarse, paraban las posibilidades de ejercer cumpliendo este requisito de muchos jóvenes profesionales.

Un caos vaya.

Las Cualificaciones Profesionales, a partir de que se termine el proceso y se publiquen los Certificados de Profesionalidad (porque la publicación de las Cualificaciones en el BOE no suponen la culminación del proceso sino un paso intermedio, aunque uno muy importante), por su carácter nacional y europeo, debe llevar a que las Comunidades Autónomas que exigen algún tipo de capacitación para ejercer como adiestrador en su territorio (pues aunque a nivel nacional no se obligue a certificarse sí se podrá hacer a nivel autonómico) se adapten a los temarios y condiciones de dichos Certificados de Profesionalidad, siendo igualmente válidos los Certificados de Profesionalidad que se hubieran obtenido en cualquier punto de España.

Otra cosa es que, a día de hoy, por lo que comentaba sobre que el proceso no ha terminado, ningún centro puede impartir esta formación de manera homologada, pues nadie puede homologarse antes de que se publique el Real Decreto que regule los Certificados de Profesionalidad. Lo que sí se puede hacer, y es ventajoso para las escuelas de formación que lo hagan, es adaptar los temarios a las Unidades de Competencia de las Cualificaciones Profesionales (como ya hemos hecho en EDUCAN y también en muchas otras escuelas), porque así la formación que reciban sus alumnos les servirá para certificarse posteriormente.

Es importante saber esto porque, en este momento del proceso, no existe ni formación homologada ni homologación oficial de la formación que se ha recibido (por cierto los centros de formación son los que se homologan, no los alumnos, estos se certifican) y está apareciendo publicidad engañosa mencionando ambos temas. Debe huirse de quienes la hacen porque, o bien no se han enterado de cómo va la cosa o están jugando a las medias verdades para captar a sus alumnos, dos buenos motivos para no querer formarse con ellos.

También han surgido entidades que se ofrecen a “homologarnos/certificarnos” la formación que hayamos cursado en otras escuelas, esto va más allá de la mentira y lo que realmente ofrecen es un fraude en toda regla: les pagas un dinero y “certifican” que las horas formativas realizadas en otras academias se han realizado con ellos (¿?) y que el temario corresponde al de la Unidades de Competencia de las Cualificaciones Profesionales. Lo que “venden” son certificados falsos de cursos inexistentes, lo que les vale para dos cosas: ganar dinero sin ningún esfuerzo real y presentarse en un futuro próximo como escuelas o entidades relevantes al tener un alto número de alumnos que han “cursado” formación con ellos. Igual les podría dar cobrar algo más de dinero y “certificar” que se han realizado horas lectivas con ellos que en realidad no existen, o sea tú me pagas y yo te firmo que te he dado un curso chupi-guay con todas las horas necesarias para que te acredites, así nos ahorraríamos el engorroso trámite de hacer realmente el curso. Como digo esta práctica es fraudulenta y por ello ilegal.

En todo caso este proceso, cuando pase esta primera marejada de picaresca, será ventajoso para el sector y para los que trabajamos en él, en una u otra área.

Y siempre recordad que la práctica profesional es tan válida para certificarse como la formación, si llevas tiempo ejerciendo no necesitarás pasar por una escuela, basta con que aportes tu currículo detallado. Aunque volveré sobre este tema en el próximo post de esta serie.

Recientemente se han publicado en el BOE tres cualificaciones profesionales referidas al sector del entrenamiento y modificación de conducta canina:

“Adiestramiento de base y educación canina”

Unidades de competencia (lo que sería el equivalente a asignaturas) que componen la cualificación:

  • Técnicas de adiestramiento de base aplicadas a perros. (Módulo formativo asociado de 150 horas)
  • Modificación de conductas no deseadas a perros. (Módulo formativo asociado de 90 horas)
  • Cuidados higiénicos aplicados a perros. (Módulo formativo asociado de 30 horas)
  • Primeros auxilios aplicados a perros. (Módulo formativo asociado de 60 horas)

“Instrucción canina en operaciones de seguridad y protección civil”
Unidades de competencia que componen la cualificación:

  • Técnicas de adiestramiento de base aplicadas a perros. (Módulo formativo asociado de 150 horas)
  • Adiestramiento de perros para defensa y vigilancia. (Módulo formativo asociado de 120 horas)
  • Adiestramiento de perros para detección, búsqueda, salvamento y rescate de víctimas. (Módulo formativo asociado de 120 horas)
  • Búsqueda y detección de sustancias olorosas con perros. (Módulo formativo asociado de 120 horas)
  • Cuidados higiénicos aplicados a perros. (Módulo formativo asociado de 30 horas)
  • Primeros auxilios aplicados a perros. (Módulo formativo asociado de 60 horas)

“Instrucción de perros de asistencia”
Unidades de competencia que componen la cualificación:

  • Selección, preparación del cachorro e integración de perros externos a la línea de cría para ser adiestrados como perros de asistencia. (Módulo formativo asociado de 60 horas)
  • Técnicas de adiestramiento de base aplicadas a perros. (Módulo formativo asociado de 150 horas)
  • Técnicas de adiestramiento y vinculación aplicadas a perros guía. (Módulo formativo asociado de 120 horas)
  • Técnicas de adiestramiento aplicadas a perros señal. (Módulo formativo asociado de 120 horas)
  • Técnicas de adiestramiento y vinculación aplicadas a perros de aviso. (Módulo formativo asociado de 120 horas)
  • Técnicas de adiestramiento y vinculación aplicadas a perros de servicio. (Módulo formativo asociado de 120 horas)
  • Técnicas de adiestramiento y vinculación aplicadas a perros para personas con trastornos del espectro del autismo. (Módulo formativo asociado de 120 horas)

Esto ha causado un gran revuelo y desconcierto en el sector, particularmente entre los más novatos y en aquellos que están formándose como profesionales o piensan hacerlo. Lo cierto es que esta inseguridad está siendo usada por algunas empresas de formación para intentar hacer creer en la necesidad de pasar por sus aulas (y sus cajas registradoras) para certificarse como adiestradores y poder ejercer esta profesión.

Como he sido uno de los asesores que han colaborado como expertos en el proceso de puesta en marcha de estas cualificaciones y he redactado la Guía de Evidencia de la unidad didáctica “Técnicas de adiestramiento de base”, común a las tres cualificaciones, creo que estoy en buena disposición para explicar la realidad de las cosas, además como director de una escuela de formación de profesionales que podría beneficiarse de la mala interpretación de estas cualificaciones tengo la obligación moral de hacerlo para evitar abusos y picarescas (que por desgracia ya están surgiendo). Por eso creo que esta serie de post son los más importantes que he escrito nunca.

Las cualificaciones profesionales son “conjunto de competencias profesionales con significación en el empleo que pueden ser adquiridas mediante formación modular u otros tipos de formación, así como a través de la experiencia laboral”>(Ley 5/2002 de las Cualificaciones y de la Formación Profesional).

¿Esto qué quiere decir?, muy sencillo, una cualificación profesional es el conjunto de conocimientos y destrezas que son necesarias para desempeñar un puesto de trabajo concreto, el que da título a cada cualificación. Quienes prueben que tienen esos conocimientos y destrezas obtendrán el Certificado de Profesionalidad, que es un título oficial y de carácter nacional pero expedido por el ministerio de trabajo en lugar de por el ministerio de educación.

Lo primero que hay que decir es que, en estas tres cualificaciones concretas, no se pretende que sea obligatorio tener este certificado para ejercer legalmente, quien no desee certificarse podrá darse de alta en Hacienda y montar su empresa de adiestramiento sin ningún problema, pues el objetivo de las cualificaciones es ayudar a las personas que ejercen o han aprendido una profesión pero no pueden demostrarlo mediante una titulación oficial para optar a un puesto de trabajo o para convencer a un potencial cliente de su pericia. Las cualificaciones profesionales buscan ayudar en la búsqueda de trabajo y no limitar el acceso a él. Otra cosa es que las Comunidades Autónomas que exigen alguna formación para inscribirse en el registro de adiestradores de animales deberán ceñirse a este modelo de formación al ser de rango nacional, el tema de las Comunidades Autónomas es el más complicado y farragoso y debe desarrollarse en un artículo propio de esta serie, probablemente el próximo.

También es interesante saber que se puede acreditar una o varias de las unidades de competencia en caso de no cubrirse los requisitos de todas las que componen la certificación, pues una de las principales características de este sistema es su modularidad que permite acreditaciones parciales, esto facilita, entre otras cosas, que alguien puede formarse en varias escuelas y que no tenga que vincularse a una para el total de su formación. Algo que favorece la competencia y la calidad formativa: si no me gusta cómo funciona una escuela no tengo porque permanecer con ella.

El objetivo de los certificados de profesionalidad es reconocer las capacidades que alguien ha adquirido en una profesión a través de vías diferentes a la formación reglada, normalmente por formación no formal (la que se da en las escuelas de adiestramiento) o a través de experiencia profesional desempeñando el puesto de trabajo sobre el que versa la cualificación. Por supuesto ambas formas se pueden combinar, por lo que alguien que quiera obtener esta cualificación deberá aportar certificados de los temarios y número de horas que haya cursado, así como también las pruebas de su experiencia laboral. Todo lo que hayáis hecho hasta ahora puede contar si se adecúa a los contenidos de las unidades didácticas. Por lo que la mayoría de los profesionales que lleven tiempo ejerciendo no tendrán que realizar ningún curso extra para conseguir su certificado, la experiencia demostrable es una vía tan válida para certificarse como la formación no formal.

El objetivo de este primer artículo es evitar que la gente que empieza no crea, le digan lo que le digan, que tiene que pasar por el impuesto revolucionario de estudiar con alguna escuela concreta para poder trabajar como adiestrador: En primer lugar porque no va a ser necesaria la certificación profesional para ejercer y además porque será válida la formación con cualquier escuela que se adecúe al temario de cada cualificación profesional. Nadie debería usar la coacción y la mentira para conseguir alumnos, no quiero ni una sola matrícula en EDUCAN por este motivo: las buenas escuelas no necesitan usar el miedo, sino la ilusión de los alumnos por aprender con los mejores.

Aunque empecé a publicar aquí los textos que escribo para “Pelo, pico, pata” en seguida me di cuenta de que el perfil de seguidores de este blog era muy diferente al de los lectores de la revista y no tenía sentido seguir haciéndolo; odio esos blogs que meten entradas de cualquier tipo u origen para aumentar su contenido y simular una actividad como bloggers que en realidad no existe.

Sin embargo creo que el presente artículo es una excepción, el trabajo de olfato es poco conocido en sus aplicaciones lúdicas y terapéuticas incluso por muchos profesionales del adiestramiento ¡y los resultados que se pueden obtener son realmente sorprendentes! Hace poco el excelente adiestrador Sergio Sinobas (que trabaja en EDUCAN, en Madrid) iba a incorporar a su familia a un pastor alemán macho de trabajo de casi tres años con RCI II, tenía que conseguir que conviviera con su rottweiler macho de seis años y su yorkie, también macho y adulto, por si esto le parece poco a alguien además vive en un piso. Quien conozca algo sobre perros sabe que esta es una situación complicada. El inicio del contacto y el trabajo de presentación se realizó mediante protocolos de olfato y hoy, apenas un par de meses después, basta pasarse por su face para ver los videos de los perros interactuando como los mejores amigos del mundo (¡¡gran trabajo Sergio!!).

Por ello creo que divulgar las bondades de hacer que nuestros perros usen su nariz no está de más en esta Caja Verde.

Es fácil darse cuenta de que los perros son unos entusiastas de olfatear, sin embargo no suelen conocerse bien las múltiples aplicaciones prácticas que tiene esta afición de nuestros amigos caninos.

Cuando pensamos en aprovechar el olfato nos vienen a la cabeza los perros que detectan explosivos, los que localizan droga o los que encuentran a las personas sepultadas o perdidas. Son actividades admirables y que requieren implicación y entrenamiento consistente, no parece algo demasiado aprovechable para nuestros perros caseros.

Sin embargo el trabajar con la nariz puede cambiar la vida de un perro, ayudándole a corregir problemas de conducta o haciendo que se divierta como no creías que fuera posible, además es algo que podemos hacer con cualquier perro, independientemente de su raza o edad.

Esto sucede porque los perros están preparados de forma natural para que el sentido del olfato sea uno de sus principales herramientas para interpretar el mundo, pero habitualmente nosotros, que somos una especie principalmente visual, no dejamos que este potencial se desarrolle o incluso corregimos que intente olfatear determinadas cosas (por poco higiénicas o porque resulta socialmente comprometido), con lo que esa extraordinaria capacidad queda reducida y minimizada.

Como el uso del olfato está muy relacionado en el perro con el desarrollo de la capacidad de concentración, el autocontrol y la gestión de las emociones el resultado final de no usarlo es que limitamos la capacidad del perro para mejorar en estos aspectos, con lo que aumentan todos los problemas relacionados con ellos: lentitud en el aprendizaje, generación de estrés, mala gestión de la ansiedad…

Realizar ejercicios de olfato está sustituyendo ventajosamente al uso de ansiolíticos y otros fármacos en el tratamiento de múltiples problemas de conducta, permite regular la actividad en perros excesivamente dinámicos, ayuda a solucionar problemas de miedo y agresión
… Un auténtico comodín para la “medicina natural” canina.

Particularmente el olfato me parece muy importante como elemento recuperador de la calidad de vida en perros geriátricos, pues activa y estimula mentalmente en un nivel óptimo: los abueletes que pensábamos que solo querían dormir se revitalizan y divierten como hacía años que sus dueños no les veían hacerlo, retrasando o incluso deteniendo los deterioros cognitivos asociados con la vejez. En este punto tengo que pedirle a los lectores un favor personal: Si tienen un perro mayor y le ven apático y desanimado denle estimulación olfativa a través de ejercicios sencillos de olfato, no se resignen. Lo agradecerá.

Pero es que, además de con aspectos que pueden resultar problemáticos, el trabajo de olfato puede ayudar a nuestro perro no sólo a evitar problemas sino también a ser más feliz. Y que nadie piense que un perro es feliz sólo por estar tumbado en el sofá, como a nosotros, eso les gusta un rato, pero también desean tener actividad y les satisface alcanzar objetivos y si lo hace con sus compañeros humanos ¡miel sobre hojuelas! En los días de lluvia en los que es inevitable acortar los paseos el complementarlos con trabajos sencillos de olfato aporta al perro el extra de esfuerzo mental necesario para que se lo pase tan bien como corriendo por el parque.

¿Y qué se puede hacer en casa para usar esta capacidad tan extraordinaria? No hace falta intentar complejos entrenamientos, puede limitarse a poner trocitos de comida por la casa y darle a su perro una señal para que los busque, puede ocultar su juguete o incluso esconder a algún miembro de la familia (que se esconda bien para que el perro deba usar su nariz), también puede enseñarle a seguir pequeños rastros de comida o a localizar un objeto que usted ha tocado de entre varios similares (no crea que es tan difícil, cuando usted le lanza un palo en el campo su perro siempre le trae el correcto ¡y en el campo hay muchos otros palos!). Verá como su perro está más calmado en casa, como se vuelve más tranquilo y relajado en el trato con perros o personas y que cosas que antes le ponían muy nervioso y alterado ahora no parecen afectarle en absoluto.

Aunque si empieza a trabajar con su perro es muy probable que se aficione y termine buscando cómo avanzar y entrenar acciones más complejas, el trabajo de olfato fácilmente se convierte en una afición compartida ¡Bienvenido al club! :) :)

Ya hace muchos años que mis amigos saben que cuando vemos o hablamos de las grandes obediencias (sea en la disciplina que sea, pero principalmente en VPG/RCI u OCI) mis preferencias van hacia aquellos trabajos que resultan fluidos y continuos, sin “picos” emocionales, frente a los más explosivos. Prefiero un trabajo más relajado del perro, no más lento ni más impreciso, sacrificando quizá algo de rotundidad en los cierres de los ejercicios en pro de una sensación de naturalidad durante su desarrollo. Este tema llenó muchas tertulias con colegas, algunos de los cuales coincidían conmigo mientras que otros -que eran más- discrepaban, prefiriendo los trabajos con más punch.

Creo que inicié la búsqueda de la concentración relajada en el adiestramiento antes de darme cuenta de que lo hacía, pero ahora sé lo que es, los beneficios que aporta y algo sobre cómo conseguirla. De hecho es uno de los elementos característicos de los nuevos desarrollos de entrenamiento cognitivo-emocional, quizá el más difícil de explicar.

La concentración relajada es la disposición de trabajo atenta, fluida y natural que permite al perro disfrutar durante la realización de las conductas solicitadas por el guía y no sólo o principalmente al finalizarlas debido a la consecución de un refuerzo.

Y después de esta definición es cuando empiezan los problemas para trasmitir correctamente el concepto, porque los términos concentración y relajada pueden parecer chocantes al aparecer juntos. En absoluto existe contradicción; podemos concentrarnos (tanto los perros como nosotros) de dos maneras que constituirían extremos opuestos de cómo hacerlo:

La concentración tensa que tenemos cuando el objetivo de dicha concentración es realizar algo, como estudiar un examen o terminar un informe, para alcanzar un objetivo final relevante para nosotros. Cuando nos concentramos de esta manera actuamos de manera rápida porque buscamos ser resolutivos, lo que hacemos -el estudio del examen o la realización del informe- son un paso necesario, pero fastidioso, para alcanzar nuestro objetivo: aprobar o entregar nuestro trabajo en plazo.

La concentración relajada aparece cuando una parte importante de nuestro objetivo (o todo) está en el camino y no en la meta, como al estudiar temas de nuestro interés sin más objetivo que aprender o al practicar un deporte que nos gusta, pesemos lo agradable que resulta: concentrarse es fácil y natural, existe atención, pero no tensión. Nuestros movimientos son más naturales, porque estamos disfrutando de lo que hacemos, sin la urgencia de hacerlo sólo para llegar a un objetivo final, nuestra cabeza no está en el siguiente paso sino en lo que estamos haciendo.

Las maneras más tradicionales de entrenar, sobre todo las que se centran en el aprovechamiento del condicionamiento operante, potencian que el perro se concentre de manera tensa, pues actúa para conseguir un objetivo final, ya sea una recompensa como la comida, la pelota o el cese o evitación de la presión. Las conductas son un instrumentos para alcanzar dicho objetivo (de ahí lo de condicionamiento instrumental), no son disfrutadas en sí mismas ni aunque usemos sólo estímulos positivos. Esta manera de trabajar, utilizada correctamente, permite conseguir mucha precisión y velocidad de ejecución, entonces ¿qué problema hay con este tipo de concentración en el adiestramiento? Bien la desventaja está en que el perro tiene el mismo tipo de urgencia y tensión que antes describíamos, desea terminar lo que le hemos pedido para acceder a su refuerzo, lo que implica que cada vez que trabaja llega a niveles de estrés muy altos y si trabaja a diario pues… imaginemos una vida de primeras citas: puede ser muy emocionante, tanto que no creo que haya cuerpo que lo aguante :( .

Cuando conseguimos que el perro se concentre de manera relajada estamos consiguiendo también que disfrute del camino, de manera que va mejorando su capacidad de concentración, su destreza y la calidad de su aprendizaje sin alcanzar niveles nocivos de estrés en cada entrenamiento o prueba, casi sin darse cuenta, puede trabajar a diario sin merma para su calidad de vida porque cada entrenamiento no le hace sentirse como en un examen.

La manera de conseguir la concentración relajada es a través de la activación de motores sociales durante el trabajo, que el perro entienda el entrenamiento como una actividad realizada en equipo con una persona querida. También la comunicación honesta, el mantenimiento de las expectativas de refuerzo en un nivel medio y nunca alto, el porcentaje adecuado de aciertos y fallos, un nivel de exigencia adecuado y una correcta planificación de los avances son necesarios para trabajar de este modo, pero explicar estos puntos es otra historia (o varias) y debe ser contada en otra ocasión ;) .

Como Nuria (Yeska) y Luis me tiran de las orejas para que vuelva al quehacer blogero y el otro día charlando con los excelentes y muy recomendables adiestradores Víctor Manzanares y Alba Dorado, responsables de la sección de obediencia del club de Agility del Baix Llobregat, me hicieron notar que les sorprendía agradablemente lo importancia que le dábamos a los aspectos comerciales del trabajo de adiestramiento, he pensado que podía escribir este artículo sobre uno de los pilares que, EMO, fundamentan el éxito comercial: La cadena de producto, publicidad y atención a los potenciales clientes.

En nuestro sector, en ocasiones, parece que ser profesional es algo con mala imagen y resulta más atractiva una cierta bohemia, pero yo siempre he pensado que, como decía Howard Hawks, el mundo se divide en profesionales y patulea. Quien no se toma en serio la parte profesional de ser adiestrador o técnico en modificación de conductas debería mantenerse como aficionado y no cobrar por sus servicios a nadie.

Yo tengo suerte: adoro el trabajo de entrenador de perros y otros animales, pero también me gusta mucho el de empresario. Competir, hacer crecer y consolidarse a una empresa me parece uno de los deportes más apasionantes que se pueden practicar, con la característica de que los puntos que se obtienen cuando lo haces bien son dinero real: la facturación y los beneficios, ventaja importante porque estos puntos son directamente canjeables por cosas en las tiendas ;) .

Para hacer un buen trabajo como profesional hay que tener al menos tres cosas: un producto de calidad, una publicidad que haga que los potenciales consumidores de este producto sepan que existimos y que es interesante contratar con nosotros y, por último, una cadena de recepción bien engrasada para que las personas que se han interesado en nuestro servicio queden rápida y correctamente informadas sobre nosotros y nuestros servicios, pudiendo así elegir contratarnos antes que a otro colega de la competencia.

Casi todas las empresas o profesionales del perro intentan conseguir calidad formándose y actualizándose para que sus servicios de adiestramiento y modificación de conducta sean buenos. Pero ningún producto es bueno si no llega a sus potenciales consumidores: sin una publicidad adecuada no podremos ser una buena empresa de adiestramiento, de hecho sin publicidad no conseguiremos ser una empresa de adiestramiento, porque sin clientes no se pueden hacer trabajos, ni buenos ni malos :( . Esta publicidad debe ser honesta y coherente con nuestra manera de trabajar para que los beneficios no sean sólo a corto plazo sino que nos ayuden a posicionarnos en el mercado de manera consistente y fiable. Y, por cierto, los clientes satisfechos son una publicidad importante.

El último eslabón de la cadena es cómo recibimos a esa persona que, ya sea a través de nuestra publicidad o de las referencias de otros clientes, se interesa por alguno de nuestros servicios: si no somos rápidos, ordenados y honestos al dar la información, así como agradables durante la comunicación es muy fácil que fracasemos.

Si somos lentos y tardamos más de un día en responder (en esto siempre me ha insistido mucho mi Webmamámaster, tanto que me ha convencido) a una solicitud de información es muy probable que el interesado contrate con otra empresa más diligente. Por desgracia estamos acostumbrados a que nuestras necesidades de consumo se cubran muy rápidamente, y casi nos parece ofensivo que, cuando nos hemos interesado en contratar o comprar algo, no se apresuren a atendernos (¿Cuántos hemos dicho aquello de “… y después dirán que hay crisis” cuando han tardado un poco más de lo esperado en darnos un servicio?). Aunque personalmente no comparto esta visión, pues muchas empresas pequeñas y con personal muy centrado en el aspecto técnico del trabajo tienen una cierta lentitud en la respuesta comercial al no poder mantener un departamento específico para hacerlo, y sin embargo ofrecen un producto de mayor calidad que su competencia, que tiene más recursos en atención comercial que en servicio técnico, pensemos en algunas empresas de telefonía (hum… me faltan iconos para acompañar este ejemplo de manera expresiva) . Como digo no me gusta demasiado, pero este es el juego, si no lo juegas no puedes ganar: la experiencia del consumidor asocia velocidad de respuesta con calidad, así que hay que currárselo y dársela.

Con respecto a la amabilidad sucede exactamente lo mismo, quien nos contacta espera un trato agradable por nuestra parte y debe obtenerlo. Esto sí lo comparto, ser amable y educado debería ser una norma de convivencia, no solo de gestión comercial.

Por último debemos ser honestos, claros y ordenados en la exposición de nuestros servicios: tendremos problemas si un cliente percibe que no ha recibido el servicio esperado, ya sea porque nuestra información no es honrada (aún veo mucha gente que “vende” un adiestramiento completo de obediencia como algo necesario a alguien que tiene un perro con APS) o porque hemos sido aturullados en nuestra explicación y el cliente ha entendido mal cuál y cómo era el servicio. Debemos recordar que el cliente interpretará lo que escucha por lo que desea oír y por la expectativa previa que pueda tener sobre lo que es un adiestramiento o un proceso de modificación de conducta, y últimamente la televisión no está ayudando mucho a que esta expectativa sea realista :( :( . Esto debe compensarse mediante una explicación impecable por nuestra parte, sin la cual es fácil que durante o al final del servicio surjan malas interpretaciones que pueden llevar a la insatisfacción del cliente con la consecuente publicidad negativa boca a oreja.

Ser un profesional implica conocer y preocuparse por aspectos del servicio más allá de los puramente técnicos, sin desatender estos. Quienes tengan un producto de calidad tienen lo más importante para iniciar su actividad: el motor. La publicidad y la atención al cliente serán las ruedas que necesitamos para movernos en alguna dirección.

El Thundershirt es un invento reciente, una “camiseta” de tela que puede ser regulada para apretar el cuerpo del perro, generando una presión uniforme. El objetivo es aprovechar el mismo proceso que usa la máquina de abrazar vacas diseñada por Temple Grandin: la tranquilidad inducida por una sujeción firme pero suave. Este es un proceso que debería tenerse en cuenta a la hora de diseñar y opinar sobre técnicas de modelado, pues ahora sabemos que podrían realizarse de manera que generasen calma y tuvieran importantes efectos positivos sobre los perros para ayudarles en la superación de miedos y eliminación de estrés.

La empresa que fabrica el Thundershirt afirma que usando su producto se consiguen efectos beneficiosos en el miedo a los truenos (de ahí su nombre), en los problemas de ansiedad por separación, ladridos excesivos y, en general, todos los trastornos que tienen un componente importante en la generación de distrés y ansiedad en los perros, como podría ser cualquier forma de miedo. Esta visión me gusta pues deja un poco a un lado la nosografía actual y adopta un enfoque global sobre motores emocionales de conducta que comparto y creo que será el que veremos en el futuro del trabajo de modificación de conductas.

Aunque sabemos que el principio teórico que aplica el Thundershirt funciona y es real esto no quiere decir que el producto sea eficaz, así que decidí probarlo antes de usarlo en terapias. Intento que hagamos esto (aunque nuestras pruebas no tengan valor estadístico por el limitadísimo número de sujetos, uno en este caso) porque los adiestradores tendemos a ser demasiado prácticos en este sentido e incorporamos las nuevas medidas o productos a nuestros protocolos de trabajo sumándolas, con lo que no sabemos realmente cuál es su valor propio, pues hay un paquete amplio de medidas para la mejora del problema, y, queriendo a veces ver los resultados positivos, creemos que son eficaces aunque no dispongamos de ningún dato realmente sólido que lo pruebe. En mi opinión esto ha hecho que determinados productos sin ningún valor terapéutico se vendan y usen de manera generalizada, no aportando más beneficios que los que obtienen quienes los fabrican, distribuyen y venden.

Para probar el Thundershirt elegí como sujeto experimental a mi hembra de malinois, Kata, una perra fantástica para el trabajo y muy cariñosa, pero con mucha tendencia a generar estrés y ansiedad y que requiere una serie de medidas y trabajos continuos para mantenerse bien. Realmente es una perra algo agotadora a nivel emocional.

Definimos una serie de situaciones fáciles de evaluar y que aparecían en la perra cuando no se tomaban medidas que las previniesen o corrigieran:

1. Cuando vamos a salir a pasear por el campo, lo que hacemos tres veces al día, labraba y golpeaba con el hocico a mis perros, llegando a darles pequeños mordiscos durante los treinta metros que recorremos hasta llegar a la puerta. Esto se controla bien con contracondicionamientos y trabajos de olfato sencillos.

2. Cuando estamos en una situación social en casa (reuniones con amigos, comidas de trabajo…) la perra se altera por encima de lo normal, intenta jugar insistentemente con quienes conoce y puede ladrar a desconocidos. Si se hacen unos cuantos “arrestados” al ladrar y antes de iniciarse la reunión y en su inicio se le plantean unos cuantos trabajos de olfato se normaliza.

3. En general la perra es intranquila y le cuesta tumbarse, cuando lo hace está siempre atenta a levantarse ante cualquier novedad o movimiento ¿sabéis los perros que cuando se duermen profundo decimos: “por fin, se ha dormido”? Pues una de esos. El uso del olfato regula esto por la generación de autocontrol y saludable agotamiento mental.

4. Por último la perra tiene la costumbre de despertarme a las seis de la mañana, con lo que además despierta a los otros perros, siendo inútil ignorarla, lo que hago para regular esto es aplicar castigo negativo, guardándola en un trasportín, lo que resulta muy eficaz, después de hacerlo durante unos días se mantiene un par de semanas sin despertarme, después vuelve a empezar.

Aunque me propuse dejarla dos semanas sin medidas anti-estrés, a los diez días decidí que o probaba ya el Thundershirt o uno de los dos nos teníamos que ir de casa.

Así que nos pusimos a probar nuestra “camisa de fuerza”, que es como coloquialmente hemos llamado al Thundershirt. La manera de usarla fue mantenerla puesta (después de habituar a la perra) todo el tiempo diario excepto durante los paseos, en parte por que mantuviese su tiempo de ocio sin alterar y en parte por la dificultad de moverse por el campo con el Thundershirt. Antes de dormir le quitábamos su camiseta y por la noche dormía sin ella.

Desde el primer día teníamos la impresión de mejora, pero sabíamos que dicha impresión podía ser falsa y más debida a nuestro deseo que a una realidad objetiva.

1.A los seis días la perra había dejado de ladrar e incordiar a los otros perros antes de las salidas por completo, en alguna ocasión aislada dio un pequeño ladrido pero nada más.

2.En las reuniones en casa cesó de ser insistente y tras un pequeño saludo se tumbaba y relajaba ¡quienes la conocían nos preguntaron varias veces si estaba enferma!

3.Su estado de inquietud permanente desapareció y podíamos movernos sin que se levantase o acudiera, en ocasiones creímos que se habría quedado en el jardín o en alguna habitación y por eso no venía a ver lo que hacíamos.

4.No me despertó en ninguna ocasión, pese a haber estado haciéndolo los días anteriores.

Tan radical fue el cambio, recordemos además que el Thundershirt era la única medida anti-estrés que se estaba usando, que Eva, mi pareja, decidió que se lo quitásemos porque la perra se había aquietado tanto que temía que terminase en un estado depresivo.

Y aquí viene lo mejor; le quitamos el Thundershirt y decidí esperar, sin aplicar ninguna medida anti-estrés o de gestión de la ansiedad, a ver cuándo desaparecía la mejora. Esto ha retrasado bastante el artículo porque han pasado ¡más de tres semanas! y ahora empiezan a aparecer los problemas tímidamente: esta mañana me ha despertado por primera vez y lleva un par de días ladrando a mis otros perros al ir hacia la puerta de salida. En casa está algo más alerta y se levanta o cotillear cuando sucede algo inesperado, pero no por cualquier cosa.

Mi opinión sobre el Thundershirt no pueden ser más positivas, tanto por el efecto durante su uso como por la persistencia de la mejoría. Aunque aún lo probaré con algunos casos concretos de miedo y agresión, ya mismo voy a recomendar a nuestros adiestradores de toda España que lo incorporen a sus protocolos cuando medien problemas de estrés o ansiedad. Ahora soy uno de los miles de entrenadores que, según la página de Thundershirt, recomiendan su uso.

De nuevo me dispongo a adaptarme al formato blog para explicar una propuesta del trabajo Cognitivo-Emocional actual. Como el que trato hoy es un tema muy extenso y mi Webmaster me tiene loco con ser escueto y esquemático espero que si este post me sale bien se decida a manifestarse en público para felicitarme (si la cago grandemente prefiero que me trasmita su opinión en privado :( ).

Tras desperdiciar un párrafo y por tanto empezar mal, me dispongo a enmendarme explicando de manera concisa qué son las estructuras de adiestramiento y cuál es su utilidad.

Una estructura de adiestramiento es una norma o conjunto de normas a través de cuyo seguimiento el perro puede ser inducido a realizar nuevas conductas o variaciones de otras ya conocidas, por ello constituyen protocolos generales de enseñanza-aprendizaje que, una vez construidas, pueden aprovecharse en cualquier momento para enseñar algo nuevo al perro o para mejorar acciones conocidas.

Con ejemplos se ve con claridad: yo puedo decidir usar luring, que es “casi” una estructura de adiestramiento por sí mismo, pero serán las normas concretas que le trasmitiré al perro lo que forma la estructura de adiestramiento, puedo optar por la sencilla norma de “si sigues la comida que te ofrezco la mano se abrirá”, pero también puedo utilizar “si sigues la comida que te ofrezco te daré comida con la otra mano” (una variación muy común y eficaz). También puedo optar por usar una estructura con más de una norma, por ejemplo puedo combinar algún tipo de luring con modelar con las manos (también una excelente estructura porque el interés por la comida me sirve de evaluador para saber que el uso del estímulo negativo del modelado no genera estados emocionales negativos), así tendré dos normas “si sigues la comida que te ofrezco (norma 1) y te dejas guiar por mis manos (norma 2) te daré la comida”. Los targets, modelados, moldeados y otras múltiples formas de enseñanza son la base de las estructuras de adiestramiento, sólo tenemos que reducir a normas concretas y fiables nuestra manera de usarlas.

Por supuesto alguien me dirá que esto no sólo se hace ya, sino que es inevitable. Y tiene razón, el uso de estructuras es inherente al adiestramiento ¡No se puede adiestrar sin usarlas! por ello, antes de que se me acuse de inventar la rueda y luego “venderla” ;) como un nuevo protocolo de adiestramiento cognitivo, explicaré en qué consiste nuestra propuesta.

En primer lugar enseñamos la estructura ANTES de usarla para iniciar el aprendizaje de ninguna conducta valiosa
, esto es enseñamos al perro a seguir la comida para conseguirla, a dejarse modelar, a tocar un target… sin que a la vez le enseñamos a sentarse, tumbarse… Es importante que el perro aprenda cómo va a aprender antes de usar esa estructura para conseguir las conductas que son el objetivo de nuestro adiestramiento. Únicamente enseñaremos la conducta que deseamos cuando la estructura de adiestramiento elegida para hacerlo esté consistentemente aprendida por el perro. Además, una vez enseñada, utilizaremos un código de activación de la estructura, una señal, que indica al perro cuál estructura concreta de las que conoce es la que vamos a usar para enseñarle alguna cosa. O sea que informamos al perro: “Ahora voy a enseñarte de esta manera”. Por supuesto la elección de enseñar al perro unas u otras estructuras dependerá del objetivo de cada adiestramiento y del gusto y capacidad del adiestrador.

¿Qué ventajas tiene esto? Porque de primeras parece un doble trabajo: primero enseñar la estructura y luego la conducta, mientras que haciéndolo simultáneamente me ahorro un paso. Aunque existen muchas ventajas, hay tres fundamentales:

1- Reducción del foco de atención: Cuando el perro no sabe cómo le vamos a enseñar tiene que estar atento a todo lo que sucede, pues la información útil puede llegar de cualquier sitio y manera, si trabajamos así le estaremos enseñando a aprender con un foco de atención muy amplio. Pero si el perro sabe exacta y fiablemente cómo le llegará la información relevante cerrará su foco de atención para atender únicamente al seguimiento de las normas de la estructura y a la comunicación con su guía, esto nos permite mejor concentración, que la imagen mental que tiene que procesar el perro sea más reducida, como consecuencia disminuye enormemente la necesidad de generalizar el adiestramiento obtenido y optimiza la capacidad de aprendizaje del perro.

2- Claridad informativa y seguridad en el aprendizaje: El perro sabe exactamente cuál es la información valiosa en cada momento, lo que le genera confianza para perseverar en el seguimiento de la estructura, aun enseñando conductas difíciles, mientras que cuando el entrenador cambia frecuentemente de manera de trabajar sin informar al perro (no me sale el moldeado, pruebo con luring, no me sale con luring pruebo a modelar un poco…) es más fácil que se genere estrés y el perro termine dejando de seguir la estructura cuando no consigue llegar a la conducta rápidamente, además de que existe un mayor riesgo de que aparezcan estados emocionales negativos.

3-Mejora de la relación con el guía y de la atención voluntaria en él: Al ser el guía quien indica al perro cuál va a ser la manera concreta de aprender en cada momento, qué estímulos serán relevantes y cuáles serán irrelevantes se vuelve inevitable el aumento de la atención, como además estamos usando una información honesta (otro concepto muy importante en nuestra manera de trabajar) el perro cada vez confía más en el guía. También es un mejorador importante de la relación el que, al enseñar cómo aprender fuera de las conductas valiosas, el adiestrador no se agobia, impacienta o afecta por no estar consiguiendo el ritmo de avance deseado en su adiestramiento y no le trasmite al perro esas emociones.

Es importante recordar que el proceso de enseñanza-aprendizaje influye en el perro y en el adiestrador a muchos niveles, la consecución de la conducta, siendo el más evidente, no es el único ni el más importante
. Debemos tener un enfoque holístico de cómo afecta nuestra manera de entrenar al perro para poder decidir qué adiestramiento queremos hacer. Sin conocimiento no es posible el análisis y estamos abocados a repetir técnicas, tanteando en la niebla algún asidero firme para avanzar, lo que genera una inseguridad que fácilmente se trasmitirá al perro.

Actualmente se ha comprobado que el aprendizaje y la conducta de los animales son procesos más complejos y sociales de lo que creíamos.

Las relaciones afectivas de los animales, sus emociones durante el aprendizaje y sus sorprendentes capacidades cognitivas son elementos hasta hace poco desconocidos y por ello no aprovechados en su entrenamiento.

El adiestramiento cognitivo-emocional es una propuesta ordenada y consistente para incorporar estos avances en el entrenamiento de nuestros amigos caninos.

El entrenamiento de perros se ha basado tradicionalmente en la asociación de estímulos positivos y negativos con las conductas entrenadas, aunque posteriormente el interés por el bienestar de nuestros perros ha centrado el proceso de adiestramiento en aquellas formas de condicionamiento operante que usan los estímulos positivos, intentando minimizar o incluso hacer desaparecer las técnicas que usasen estímulos negativos para la enseñanza.

Pero, adiestrando únicamente a través de la asociación de estímulos positivos o negativos con la conducta, el animal sólo trabajaba sobre motivaciones individuales o egoístas: su principal objetivo durante el entrenamiento era conseguir su recompensa, lo que ha dado lugar a múltiples textos que afirman que los perros son muy egoístas y sólo trabajan en el caso de obtener refuerzos individuales ¡Pero hoy sabemos que el afecto es uno de los principales motores de conducta en los mamíferos sociales!, al incorporarlo como elemento técnico de entrenamiento la interpretación que hace el perro del proceso cambia, pues desea entrenar para poder “jugar en equipo” con sus amigos, los entrenadores, sin dependencia de premios extra. Esto supone un avance fundamental en cómo entrenar y en lo que los perros sienten al hacerlo.

Otra innovación es la búsqueda de un estado emocional positivo y saludable como primer evaluador de la calidad del entrenamiento. El objetivo es crear un entorno cooperativo entre los adiestradores y los perros, en el que entrenar resulta una actividad social placentera, generando emociones positivas por el simple hecho de realizar dicho entrenamiento, lo que conseguirá una mayor implicación y diversión del perro durante las sesiones, pues se ha comprobado que las emociones presentes durante el aprendizaje son muy relevantes para la calidad de dicho aprendizaje: un perro que desea estar entrenando porque se divierte aprenderá mejor y más rápido que el que ve el adiestramiento como una manera de conseguir algunos bocados de comida.

También se ha descubierto que, frente a la antigua idea de que el pensamiento era una capacidad únicamente humana, los animales (y entre ellos los perros) tienen complejas capacidades cognitivas, como la capacidad de solucionar problemas o de formar conceptos, que en el adiestramiento cognitivo-emocional incorporamos al entrenamiento, con ello las sesiones de trabajo se convierten en estimulantes pasatiempos mentales que funcionan más eficazmente para mejorar el aprendizaje y la calidad de vida que otros métodos de entrenamiento más tradicionales.

Por tanto las innovaciones y avances del adiestramiento cognitivo-emocional pueden resumirse en:

1. Potenciación del afecto entre el perro y su entrenador como motor principal de conducta, frente al uso de recompensas para conseguir la ejecución de destrezas. Los entrenadores son amigos de los perros, no dispensadores de comida.

2. Evaluación y búsqueda de la diversión del perro para motivarle a entrenar, frente a estimularle únicamente con recompensas de comida o juguetes. El adiestramiento puede ser divertido en sí mismo, no es necesario depender de comida o juguetes para que a nuestro perro le apetezca entrenar.

3. Entrenamiento como contexto donde realizar actividades divertidas y que suponen estimulación mental y física para el perro, frente a la visión de enseñar y exhibir habilidades vistosas pero que no implican necesariamente una mejora de la calidad de vida de nuestro perro. Esto no implica una menor practicidad de las conductas entrenadas para el manejo cotidiano del perro ¡Todo lo contrario!

En primer lugar quiero disculparme por la desatención del blog, nos han surgido un montón de nuevos proyectos que han ocupado por completo mi tiempo, parece que ahora empieza a estar todo colocado y en marcha, por lo que vuelvo a la carga con la intención de que no se repita un silencio tan prolongado.

Y como otra de las cosas que he tenido paradas es el nuevo libro de adiestramiento que estoy escribiendo y que recoge detalladamente los nuevos protocolos de adiestramiento cognitivo-emocional, he pensado que podía ser buena idea reabrir “La Caja Verde” explicando cuáles son estos nuevos protocolos y en qué consisten. Los que me conocen ya supondrán que esto me llevará varios post, los que además conocen estos protocolos estarán seguros de ello ;) .

Aunque dudé si empezar explicando la nueva división en etapas y fases y después ir detallando cuáles eran los protocolos para trabajar en cada una de ellas al final me he decidido a contaros primero las dos novedades que considero más vistosas: la construcción y uso de espacios de aprendizaje y la enseñanza y aprovechamiento de estructuras de adiestramiento y empezaré con ellos porque montamos ambos en los perros antes de enseñarles ninguna de las conductas que constituyen el objetivo del adiestramiento. En este post me centraré en los espacios de aprendizaje.

Los espacios de aprendizaje son aulas mentales que permiten poner al perro en disposición óptima para aprender. Un espacio de aprendizaje se caracteriza por una activación concreta y determinada de cuatro dimensiones en el perro: la mental, la emocional, la social y la física. Para entrenar estos espacios elegimos una conducta concreta (que denominamos conducta-marco) que facilite en el perro dicha activación mental, emocional, social y física. La conducta no debe ser valiosa para nuestros objetivos de adiestramiento, y la entrenamos tomando en cuenta que nunca buscaremos la máxima calidad en la conducta, sino conseguir, a través de ella, la activación adecuada de las cuatro dimensiones mencionadas, pues los espacios de aprendizaje están en sus dimensiones, no en la correcta realización de la conducta.

Como todo esto es farragoso contado de manera tan concisa pondré un ejemplo que creo que resulta claro: cuando empezamos a ir a la escuela necesitamos que nos enseñen que en el aula se permanece sentado mirando al frente (activación física), atento al profesor y sus explicaciones (activación mental), tranquilo (activación emocional) y subordinado a las normas del centro, que coordina el profesor a través de sus indicaciones sobre la marcha de la clase (activación social). Así si los niños no tienen estas cuatro dimensiones correctamente activadas el proceso de enseñanza-aprendizaje será de peor calidad o incluso no avanzará. Cuando un niño se sienta de espaldas al profesor para charlar con sus compañeros no tendrá la disposición física adecuada para aprender ¡no puede recibir la información didáctica! Si se encuentra sentado y mirando al frente, pero pensando en sus cosas en lugar de concentrarse en la explicación su disposición mental le impedirá realizar un aprendizaje eficiente, igualmente si está asustado por algún abusón o enfadado por algo que ha sucedido con sus compañeros tendremos una mala disposición emocional para aprender, por último si no es capaz de coordinarse con el profesor y aceptar que él debe dirigir la clase e interrumpe una y otra vez tendrá una mala disposición social que también impedirá un aprendizaje eficiente.

Por ello lo primero que se debe enseñar al niño es la conducta-marco adecuada para aprender, es decir a sentarse correctamente en un aula. Una vez que lo aprendemos en cuanto entramos en un aula a recibir formación sabemos cómo debemos comportarnos para optimizar el aprendizaje, sin embargo nadie pretende que esa conducta sea un fin en sí misma, premiando al niño que se sienta de manera más adecuada (excepto algunos internados suizos cuya utilidad social es servir a los padres como amenaza cuando tienen hijos díscolos en una edad que impide emplear Alcatraz como elemento disuasorio para corregir su conducta), lo que nos importa es que sentarse en el aula facilite y consiga la activación óptima para aprender, así algunos niños descansarán su espalda en el respaldo, otros se apoyarán con los codos en la mesa… no importa la exactitud de la conducta sino su eficacia.

Parece claro que hay que enseñar a los niños cómo recibir el aprendizaje antes de iniciarlo, ¿no debería ser igual con los perros? Me gustan mucho los perros, pero creo que no son más listos que los niños (al menos la mayoría :) ) máxime cuando el enseñante es de otra especie. Los espacios de aprendizaje son la manera de enseñar a los perros a recibir de manera fácil el aprendizaje, promoviendo la creación de imágenes mentales sencillas y por ello fáciles de procesar para el perro. También le aportan seguridad emocional y social, algo muy necesario y frecuentemente relegado a un segundo plano al entrenar.

Nosotros construimos y usamos un mínimo de tres espacios de aprendizaje:


Espacio de concentración
: El equivalente al aula del ejemplo, es donde enseñaremos al perro todas las conductas nuevas o puliremos los conocidas, se caracteriza porque aparecerá información nueva para el perro. En este espacio pedimos al perro concentración en el guía, tranquilidad emocional, coordinación con su guía para recibir correctamente sus indicaciones y un nivel de actividad física medio.

Espacio de juego: Aquí enseñamos todas las conductas que se moldean a través de conductas innatas del perro afines al juego (como las de caza o presa), también nos sirve para jugar con el perro de manera adecuada. En este espacio buscamos una activación mental que permita al perro estar atento a jugar, pero manteniendo el autocontrol necesario para atender también a su guía (muy importante en perros que se vuelven locos cuando juegan), emocionalmente queremos que el perro esté alegre y divertido, a nivel social le enseñamos que si se coordina con su guía para jugar ¡el juego es más divertido!, pero también que debe subordinarse a las normas de juego que decida este, la activación física será alta o muy alta (la que tenga cada perro cuando juega).

Espacio de calma: En el adiestramiento cognitivo-emocional es fundamental enseñar al perro a tranquilizarse cuando es conveniente, facilitando y permitiendo la correcta gestión del estrés causado por el aprendizaje u otros motivos, así como facilitando la consolidación del aprendizaje al poder relajar al perro después de un avance que le haya resultado difícil. En este espacio buscamos una concentración mínima, pues queremos un perro muy relajado y carente de estrés, incluso de eustrés. Socialmente el perro debe subordinarse a su guía, porque es quien decide activar el espacio de calma, y coordinarse con él para saber cuándo puede bajar su nivel de atención hacia el aprendizaje, evitando esos perros que sólo saben estar en las sesiones de entrenamiento excitados y que, en cuanto bajan su nivel de excitación, bajan también la calidad de sus respuestas.

Como ya estoy al principio de la cuarta página y temo la ira de mi Webmaster :( , terminaré diciendo que los espacios de aprendizaje son una excelente herramienta educativa para perros que practican adiestramientos complejos y exigentes, pero no son prácticos para el adiestramiento comercial porque se necesita un número alto de sesiones para montarlos (nosotros estamos tardando unas veinte sesiones en tener los tres), lo que es incompatible con la rentabilidad comercial ¿Qué hacemos entonces con los adiestramientos comerciales? Pues enseñar y usar estructuras de adiestramiento, pero esa es otra historia y debe ser contada en otro post ;) .