Entre los procesos de condicionamiento más utilizados y promocionados últimamente para el adiestramiento eficaz está el castigo negativo: desaparición de un estímulo positivo al aparecer una conducta que deseamos eliminar.

Antes de entrar en el tema es importante hacer notar que el castigo negativo no es la panacea para eliminar todo tipo de conducta, sólo es útil en conductas operantes, esto es, aquellas que no tienen asociados procesos de auto-refuerzo y cuya aparición depende de estar asociada a otros reforzadores, ¡que nadie espere extinguir la conducta de su perro de escarbar en el jardín dejándole hacerlo!

Es importante conocer no sólo los ámbitos de aplicación de un proceso, sino también aquellos en los que no es eficaz, pocas cosas han dado peor imagen del castigo negativo al público que su recomendación indiscriminada, con mejores intenciones que resultados, para solucionar problemas emocionales o asociados a conductas auto-reforzantes.

Pero lo cierto es que entre los profesionales el castigo negativo goza de una excelente reputación pues permite eliminar consistentemente muchas conductas sin generar conflictos ni usar estímulos negativos.

El castigo negativo tiene varias formas de aplicación, siendo la más utilizada la supresión del estímulo positivo que refuerza la conducta.

Normalmente nos limitamos a recomendar que no se refuerce al perro cuando realiza la conducta inadecuada, lo que en realidad es un mix entre extinguir una conducta premiada y un castigo negativo, hacerlo de esta manera es un proceso muy lento que puede acelerarse con facilidad si conseguimos que el perro esté recibiendo un estímulo positivo antes de realizar la conducta y este cesa al realizarla.

Por ejemplo si queremos extinguir la conducta de subírsenos encima podemos sentarnos en el suelo acariciando y mimando al perro y cuando se suba nos levantamos y terminamos la sesión. Esto requiere más preparación pero es más rápido y consistente que una de las aplicaciones usuales: cuando se suba le ignoras y cuando esté abajo le acaricias, actuar así hace que el perro aprenda que debe subirse alguna vez para “activar” en el dueño la secuencia de abajo-caricias, arriba-nada, esto es muy frecuente en particulares y ralentiza, cuando no imposibilita, el avance. Si preparamos la sesión de manera que el estímulo positivo esté siempre antes de que aparezca la conducta inadecuada sanearemos la cabeza del perro ¡y del propietario! Con lo que conseguiremos una mejora clara y rápida.

Más inusual es usar aplicar el castigo negativo por saciación.

La saciación es una aplicación del castigo negativo que consiste en mantener activo el estímulo positivo hasta que, por duración o intensidad, deje de ser positivo. En muchas ocasiones es la manera más divertida, fácil y eficaz de eliminar determinadas conductas operantes.

Creo que el uso inteligente del castigo negativo por saciación es lo que más clientes me ha hecho “ganarle” a la competencia en adiestramientos comerciales, sinceramente.

Cuando iba a entrevistar a un potencial cliente de adiestramiento comercial y tenía un perro que se subía a jugar insistentemente sabía que ninguna otra empresa le produciría mejor impresión que la nuestra.

¿Por qué? Muy sencillo, el cliente se iba a encontrar con tres actitudes por parte de los otros profesionales, tres actitudes eficaces bien aplicadas, pero menos divertidas y peor percibidas por el cliente.

1- Una corrección en negativo por parte del adiestrador como interponer la rodilla al saltar el perro, molestarle en las patas traseras o pisarle una correa para bloquear el salto. Esto no les gusta a la mayoría de clientes y muchos perros se impresionan demasiado, además de que hay que ser diestro haciéndolo.

2- Un castigo por supresión, ignorando al perro activamente hasta que dejaba de saltar y reforzándole entonces, esta técnica, aparte de los problemas que he comentado antes, resulta insufrible para algunos clientes que ven como sus perros se volvían insistentes (temas de la curva de extinción y de superactivación que causa un cambio de actitud de un compañero social) hasta más allá de su aguante. Y desde luego en ese primer día olvídate de conseguir un trabajo que el cliente perciba como perfecto.

3- Contra-condicionar
al perro con otra acción, como sentarse, esto no siempre es fácil para el dueño pues el primer día se encuentra con muchas cosas que pedirle-enseñarle-evaluar al perro.

Y llegaba yo, con la saciación en la mochila, y le decía al cliente: ¡bien, si quiere amor démosle amor! y le pedía al dueño que se pusiera a abrazar y dar cariño a su perro con todo el entusiasmo del mundo, a los pocos minutos el perro decía ¡eh, ya basta!, pero de eso nada ¡más amor!

El dueño se divertía haciéndolo, era fácil desde el primer día y obtenía resultados más rápidos que las otras estrategias (vuelvo a recordar que las otras estrategias bien aplicada tienen excelentes resultados, pero requieren un plazo mayor y son peor percibidas en sus inicios por el cliente).

¡Anda que no era divertido para un cliente cuyo border era un “okupa” de sofás no dejar que bajara del sofá para enseñarle a no usarlo! Aunque esto no lo intentéis con perros vagos: a lo mejor necesitáis treinta horas para que sea eficaz. Adapta tus técnicas al perro concreto, no intentes encajar a todos los perros en las mismas técnicas.

Este es un artículo que deseo especialmente que os guste ¡he sacrificado uno de mis mejores ganchos comerciales para escribirlo!

Cuando Richard Ibarburu comentó –muy acertadamente- en otro post el exceso de luring como ejemplo de un trabajo en positivo que podía impedir la aparición de elecciones didácticas me di cuenta de que últimamente siempre que los adiestradores (yo el primero) hablamos de luring es para referirnos a los problemas que puede causar, a sus limitaciones

Hace poco la escuela Security Dogs tuvo la gentileza de invitarme a un seminario de Fernando Silva quien, en un momento dado, utilizó luring para inducir a una perra a realizar una acción, dos de los cursillistas se miraron y uno le dijo al otro “¡luring!”, bastó esto para que pusieran un gesto cómplice de decepción. Pero es que el mismo Fernando Silva se dirigió a los asistentes y reconoció “esto es demasiado luring para mi gusto, pero a veces hay que hacerlo”, casi era una disculpa. Personalmente creo que en ese momento y en ese trabajo concreto ninguna otra técnica hubiera sido más eficaz o adecuada, lo que es lógico al referirnos a un adiestrador de su nivel.

¿Realmente es el luring tan malo?
¿Cómo hemos llegado a la situación en la que a todos nos sale un reojo ácido al referirnos al luring?

Para responder a esto debemos hacer un pequeño análisis de qué es el luring y qué efectos provoca en el aprendizaje.

El luring o señuelo es la técnica de guiar a un perro a realizar una acción directamente con algún reforzador primario, usualmente comida. Esta presencia del reforzador primario es la que marca la mayoría de las diferencias con otras técnicas, al estar presente el reforzador primario suceden dos cosas muy relevantes:

La atención del perro se concentra en dicho reforzador, pasando a un segundo plano de la atención los demás estímulos presentes.

El perro está sintiéndose reforzado de continuo y no sólo cuando obtiene el refuerzo.

Esto nos trae una serie de consecuencias para el adiestramiento, consecuencias que no debemos considerar buenas o malas, conociéndolas bien podremos saber cuándo juegan a favor de nuestros objetivos y cuándo van a causarnos problemas o retrasos (si el luring te da limones…).

Al estar la atención del perro muy concentrada en el señuelo recibirá peor otros estímulos del entorno, por lo que puede casi ni oír un click o un comando que estemos usando, lo que retrasa y empeora estas asociaciones ¡pero también nos sirve para que un perro sin experiencia aprenda a concentrarse en el trabajo desconectándose del entorno, lo que es muy aprovechable al iniciar adiestramientos comerciales a domicilio que pueden realizarse en el parque donde el perro sale a jugar!

Es cierto que el timing es peor y que el perro se siente premiado todo el tiempo, pero esto, que nos impide darle todo el valor a la conducta de más calidad, también puede servirnos para establecer una asociación emocional positiva del perro con el trabajo, lo que puede ser más valioso en determinados ejemplares. También puede facilitar el manejo de un perro con el que no tenemos una relación previa, como sucede en adiestramientos comerciales.

Para tener una visión amplia de esto voy a enumerar los principales beneficios y problemas que causa el luring, veréis que según sean el perro, el momento del adiestramiento y el trabajo nos interesará o no utilizar esta estructura de adiestramiento.

Beneficios:

Entrenar concentración positiva en perros que tienen dificultad en mantener su atención en el trabajo de forma continua.

Conseguir concentración en entornos o situaciones difíciles, lo que ya hemos dicho que puede ser de utilidad para trabajar en el parque donde pasea y juega el perro o también cuando hay muchos perros juntos en pista. Hay mucha gente que se ufana de trabajar sin luring, pero luego necesitan estar solos en la pista, sin otros perros y casi en un silencio absoluto para que el perro trabaje ¿no sería mejor y más práctico hacer un par de días de luring para entrenar la concentración y las expectativas en lugar de montar estos “entrenamientos-santuario”?

Apartar al fondo de la atención estímulos que no deseamos que perciba, lo que permite que se superen pequeñas inseguridades, que dejen de concentrarse en agredir a otros perros (o personas)… todo esto consiguiendo un estado emocional positivo y, como todo el rato que el perro sigue la comida está sintiéndose premiado, estamos premiando por no realizar estas conductas. Buen apoyo para iniciar contra-condicionamientos en terapias.

Entrenar patrones motores y no conductas finales. En determinados trabajos deportivos no nos interesa que el perro “haga” algo sino “cómo” lo haga, no me interesa que el pero se tumbe sino que la combinación músculo-esquelética que le lleva a tumbarse sea una concreta (es muy importante saber cuándo estamos entrenando conducta final y cuándo patrones motores para el trabajo deportivo). Para conseguir que el perro realice estos patrones motores desde el principio y se fije una memoria muscular el luring es sencillamente insustituible.

Inducir algunas conductas que sería muy difícil o imposible conseguir de otra manera.

Atenuar indecisiones o inseguridades, un perro puede querer trabajar e ir avanzando, pero si es algo sensible también puede acumular tensión por la inseguridad, el luring ocasional en conductas indecisas genera un plus de consistencia que nos permitirá volver a otras formas de entrenamiento con mayor empuje y un cimiento de trabajo más sólido.

Problemas:

Mala percepción del entorno, incluyendo refuerzos condicionados como el clicker, el comando y ¡su guía! Con lo que será más lento y menos claro el trabajo con respecto a estos parámetros.

Máxima concentración en motores de conducta egoísta, al estar siguiendo el señuelo, el perro no percibe que tenga que coordinarse con su guía o atender a sus indicaciones, también el afecto pasa a un segundo (o tercer) plano, con lo que la coordinación y la activación de motores sociales es nula.

Mala percepción de señales/estímulos sutiles. El perro tiene la atención tan enfocada en su refuerzo que no notará otras indicaciones que podamos querer introducir para afinar o avanzar el trabajo.

Transición “dura” a otras formas de trabajar la acción. Este es uno de los principales problemas, cuando retiramos el luring para utilizar otras estructuras de enseñanza-aprendizaje muchos perros muestran dificultades severas en la transición, una vez más esto, que generalmente es un problema, puede ser aprovechado a nuestro favor (al hacer un escalón con señuelo contrario ponemos esta dificultad a trabajar para nosotros).

No hay activación de la capacidad de solución de problemas, haciendo que el perro siga el señuelo estamos ante el caso del “la zanahoria delante del burro”, como decían en otro post, por lo que la solución de problemas como motor de aprendizaje es cero.

Ausencia de auto-refuerzo, al estar el perro continuamente reforzado de forma externa y no estar activa la solución de problemas durante el luring no aparece nada de auto-refuerzo en el perro.

Aprendizaje grosero, poco sutil. Al estar tan centrada la atención del perro en el refuerzo y al ser de mala calidad el timing, el perro aprende únicamente las partes más evidentes de la conducta entrenada, sin ser capaz de notar avances pequeños o modificaciones de dicha conducta principal.

Reactividad del perro, falta de proactividad. El perro depende totalmente de nosotros y de estímulos externos para llevar a cabo la conducta.

Merma de autonomía, por lo anterior tendremos un perro que será incapaz de trabajar sin apoyos muy fuertes y no nos ofrecerá conductas por sí mismo.

Una vez más debemos tomar en cuenta cuáles son nuestros objetivos de adiestramiento y nuestras posibilidades de entreno para elegir si el luring nos podrá ayudar o por el contrario se portará como un falso amigo que, tras su apariencia de facilidad, nos dificulte la consecución de resultados. Así podremos usarlo o deshecharlo cuando convenga, y reconocer con la cabeza bien alta “sí, yo también uso luring”.

Hola a tod@s,

En otro post comentaba que estábamos pendientes de un proyecto muy importante para EDUCAN, pues bien ¡ya está en marcha!

Hemos firmado un convenio con ZOOS IBÉRICOS, entidad perteneciente a Parques Reunidos la empresa que posee más instalaciones de Zoos y Aquariums en todo el mundo, para aplicar trabajo cognitivo-emocional al adiestramiento multiespecies, empezaremos por leones marinos, loros y delfines en el Zoo de Madrid.

Como estoy muy ilusionado por la puesta en marcha de este proyecto y me puedo dejar llevar por el entusiasmo al escribir sobre ello, me voy a limitar a “copiar y pegar” del documento firmado con ZOOS IBÉRICOS la parte referida al objetivo de esta colaboración. Únicamente añado las negritas para resaltar las partes que me parecen más interesantes (y porque mi webmaster del universo me ha dicho que en los blogs hay que poner negritas).

OBJETO DEL CONVENIO

El objeto principal de la colaboración para ambas partes es diseñar, aplicar y evaluar los resultados de nuevos protocolos de adiestramiento para diversos animales tomando como parámetros principales el aprovechamiento de las capacidades cognitivas de cada especie, su estado emocional y sus pautas sociales específicas, pilares del adiestramiento cognitivo-emocional.

Este objetivo principal tiene dos sub-objetivos:

1. Bienestar animal:
Los nuevos protocolos buscarán dar mayor calidad de vida y trabajo a los animales a los que se apliquen, coincidiendo ambas partes en primar el bienestar animal sobre la vistosidad de las conductas entrenadas.

Se ha planteado desde la etología más actual que los animales generan conducta de forma diferente según estén en un entorno de lucha por la supervivencia (riesgo de predación, dificultad para obtener los recursos, necesidad de una defensa activa del territorio…) o en un entorno de bienestar (entorno seguro donde no son previsibles riesgos para el animal y abundan los recursos). Una gran mayoría de las técnicas actuales de adiestramiento (aún usando estímulos positivos) se basan en cómo generan conducta los animales en entornos de supervivencia, empeorando los resultados cuando la calidad de vida del animal es óptima.

Uno de los principales objetivos, técnico y ético, de esta colaboración es desarrollar protocolos de trabajo que tomen como referencia la forma en que los animales generan conducta en entornos de bienestar, siendo el motivo de los animales para trabajar no asegurarse la supervivencia sino mejorar su bienestar físico, emocional y social.

2. Investigación:

Incorporar los conocimientos más actuales de etología al entrenamiento de animales, evaluando los resultados.

Este proyecto es pionero en:

a. Aprovechar los procesos cognitivos conocidos en cada especie para su adiestramiento. Hasta ahora el condicionamiento operante ha sido el principal mecanismo de trabajo para el adiestramiento de animales, esto es ventajoso porque es un proceso que funciona en la práctica totalidad de los animales que son adiestrados. Sin embargo la etología cognitiva nos ha demostrado que las diferentes especies pueden tener procesos mentales como la capacidad de solución de problemas, el aprendizaje por imitación (como sucede en el caso de aprendizaje por modelo-rival estudiado por Pepperberg en psitácidas)… aprovechar estas capacidades específicas permite mejorar el trabajo pues muchos de estos procesos cognitivos son auto-satisfactorios, por lo que utilizándolos se reduce drásticamente la necesidad de refuerzo externo, consiguiendo una conducta más consistente, un mejor estado emocional del animal, que se divierte consiguiendo realizar la conducta, viendo el animal la conducta entrenada como una meta en sí misma y no sólo como una puerta que abre la despensa (reforzador primario externo).

Estos procesos cognitivos también permiten que el animal se autoevalúe y se potencia la capacidad de refuerzo interno.

Si utilizamos estos procesos el animal disfrutará del hecho de estar trabajando y sus sesiones de adiestramiento tendrán un efecto de enriquecimiento ambiental que redunde en una mejora del bienestar del animal. Además serán necesarias menos sesiones de mantenimiento, las mejoras serán más rápidas y la calidad del trabajo más estable.

b. Evaluar y optimizar el estado emocional de los animales durante su adiestramiento y durante las exhibiciones, disminuir el distrés y mejorar la gestión del estrés en los animales entrenados, evaluar y promover la aparición de estados emocionales positivos y tener un seguimiento fiable del bienestar emocional de los animales adiestrados.

c. Aprovechar de forma estructurada y protocolizada procesos sociales de las especies trabajadas, como la vinculación afectiva, buscando que la interacción con el entrenador durante las sesiones de adiestramiento y exhibiciones sea un objetivo deseable y satisfactorio en sí mismo para el animal. Hoy sabemos que el afecto es un potente motor de conducta en muchos mamíferos sociales, aunque esto se ha aprovechado de manera intuitiva por parte de los adiestradores desde hace mucho tiempo no se ha hecho de forma ordenada, estudiada y reproducible como sistema de trabajo. Uno de los objetivos de la colaboración es sistematizarlo para las especies que se trabajen.

…y, también extraído del convenio, una de las competencias de EDUCAN será:

- Diseñar protocolos, esquemas y técnicas de trabajo para las diferentes especies.

En fin un proyecto MUY ilusionante, que nos va a tomar mucho trabajo (creo que tendremos que restringir algunas actividades comerciales para poder dormir de vez en cuando) pero que es un paso de gigante para la necesaria actualización de paradigma en el adiestramiento de animales.

Tengo que agradecer a Miguel Bueno Brinkmann, biólogo conservador de aves y mamíferos marinos del Zoo de Madrid, y a Pablo Roy, responsable de adiestramiento de leones marinos del Zoo de Madrid por su interés y ayuda para el arranque de este proyecto.

En fin… ¡QUE ESTOY MÁS CONTENTOOO! :) :)

Antes que según la escuela de adiestramiento que sigan, que el tipo de estímulos que usen o que la modalidad de adiestramiento que practiquen yo divido a los adiestradores en dos grupos: los que entrenan los perros para no fallar y los que entrenan los perros para acertar.

Desde ya quiero aclarar al lector que soy un firme defensor de trabajar a los perros para realizar la conducta correcta y no para evitar fallos, además como durante años trabajé de la manera contraria tengo la firmeza de los conversos en este tema.

Hay bastantes más adiestradores entrenando para que sus perros no fallen, el error nos parece peligroso y se oyen frases como “no dejes que tenga opción de fallar, así no aprenderá incorrectamente”. Esto además tiene mucho que ver con lo nerviosos que nos pone ver al perro haciendo mal una de las acciones que estamos entrenando.

Evitar que el perro se equivoque es la prioridad para muchos adiestradores. Así pues nuestra energía y atención se ponen en localizar errores y encontrar técnicas que los bloqueen, impidan o corrijan. El acierto termina sucediendo más por las cosas que el perro no hace que por las que intenta de forma activa. Las sesiones están dedicadas a crear “situaciones seguras” de entreno, a cerrar puertas, a limitar opciones…

Pero esta forma de adiestrar conlleva varios problemas:

El primero es que, al cabo de un tiempo entrenando así (y vuelvo a recalcar que no estoy hablando de trabajos únicamente en negativo, muchos adiestradores positivos, cognitivos y de toda índole tienen esta visión), el perro, que no es tonto, se da cuenta y su atención voluntaria se enfoca en localizar lo que no debe hacer, volviéndose más eficaz en dejar de hacer cosas que en hacerlas. Es el esquema general de trabajo que le hemos creado, no nos debería parecer mal.

Emocionalmente es más agotador, recordemos esas películas con un joven y prometedor deportista al que su bienintencionado pero exigente padre/entrenador/agente le recalca cada error que comete hasta que deja de disfrutar de su deporte y decide marcharse con su chica a poner una granja en Idaho, mandando al carajo deporte y exigidor (a pesar de las buenas intenciones y sincero amor de este).

Como nuestros perros es poco probable que puedan marcharse a poner una granja en Idaho en el caso de que estén hartitos de entrenar con nosotros, debemos tener cuidado y asumir como nuestra responsabilidad que el perro no se sature emocionalmente, lo que no debe confundirse con no exigir implicación y esfuerzo al perro. Pero incidir en los errores genera inseguridades y agotamiento emocional en el perro ¿cómo nos sentiríamos nosotros yendo a un trabajo en el que sabemos que nuestro jefe nos va a decir TODOS LOS DÍAS que lo hemos hecho mal o que tengamos mucho ojo de no hacerlo mal? Así no se construye seguridad, implicación ni equipo.

Además aunque inicialmente es más fácil entrenar al perro para no fallar (es más rápido aprender a no hacer que a hacer), al cabo de un tiempo nos daremos cuenta de que existen tantos fallos posibles que toda nuestra vida no será suficiente para entrenarlos todos, sin embargo conducta acertada sólo hay una en cada caso: a la larga es muuucho más cómodo y sencillo para el perro y para el adiestrador centrarse en ella.

En mi opinión es muy importante construir la cabeza del perro para acertar, para ello debemos tolerar fallos inicialmente e informar al perro de ellos sin preocuparnos. El error es parte necesaria de un aprendizaje activo. Nuestra atención debe estar en los aciertos porque así la del perro también lo estará.

Cuando esto sea sólido, cuando el perro trabaje para hacerlo bien y su esquema mental esté construido podremos darle mayor importancia a corregir los fallos que puedan surgir sin que suponga ningún problema.

Sin duda la conducta más importante para tener un perro con una buena calidad de vida es la llamada.

Que el perro acuda consistentemente y pese a estar distraído o entretenido nos permite soltarle para que juegue con sus amigos o corra y explore en el campo.

En este artículo no hablaré de cómo llegar a una llamada consistente, sino de algunos riesgos que corremos, sobre todo los adiestradores, al entrenar “bien” la llamada y de cómo preparo yo a mis cachorros antes de iniciar la llamada para evitarlos.

Hace muchos años Jaime Parejo y yo teníamos mucho contacto. Jaime es un gran adiestrador y una persona a la que quiero mucho, en ese momento estaba elaborando el libro que le granjearía el reconocimiento mundial: “El método Arcón” y, como es lógico, hablábamos mucho de su trabajo.

Jaime definió como “efecto yo-yo” la tendencia de algunos perros a volver hacia su guía cuando llegaban a una lejanía determinada. Había observado que este problema viene por el exceso de trabajo de la llamada y que es muy nocivo para el perro de rescate porque merma enormemente su autonomía de trabajo.

La verdad es que Jaime tenía razón, una gran parte de los perros de adiestradores no eran capaces de alejarse más allá de un punto de su guía.

Mi interés siempre ha estado más en buscar los por qués generales de la conducta de los perros y cómo aprovecharlas que en el diseño de técnicas concretas, y desde esta óptica analicé el fenómeno.

Me di cuenta de que, hasta ese momento y de forma inconsciente, yo consideraba que este era un efecto beneficioso: es el perro el que se preocupa de estar cerca de su guía. Pero al reflexionar sobre ello cambiaron mi opinión, mi manera de entrenar las llamadas y, en general, mi manera de tener perros. Además de mi cariño Jaime siempre tendrá mi agradecimiento por hacer que me fijara en esto, gracias a él mis perros son más felices.

Los perros que muestran este “efecto yo-yo” no disfrutan tanto de sus exploraciones por el campo, no hacen un ejercicio igual de expansivo y liberador de estrés, no pueden dar total libertad a sus patrones motores innatos. Este es un problema común en los perros de profesionales (y lo era en mis perros), permanecen siempre pendientes de sus guía y necesitan que estos les den indicaciones de qué hacer para poder divertirse, si por casualidad salen persiguiendo un conejo luego vuelven agobiados porque al terminar la persecución se han encontrado lejos del guía y esto les causa malestar. (Otros perros tienen el problema contrario: se lo pasan como grajos en el campo, pero vienen más o menos cuando les apetece, eso lo comentaré en otro momento.)

En razas activas la posibilidad de correr libres y de explorar amplias zonas es determinante para alcanzar una situación de bienestar, ya hemos superado la visión de la salud como ausencia de enfermedad: es más importante alcanzar bienestar, que el perro se desarrolle como perro feliz más que pensar sólo en evitar el estrés o la ansiedad.

Así ahora lo primero que enseño a mis cachorros no es a venir sino a alejarse, a separarse de mí, a disfrutar de sus paseos al máximo. Los cachorros son muy permeables y es una etapa en la que es muy fácil que los adiestradores los hagamos demasiado dependientes pues también a nosotros nos cuesta sacar a los perros sin ponernos a entrenar algo, y luego los perros no se hayan cuando no están haciendo algo con nosotros.

Es bien cierto que mis condiciones de vida me permiten que entrenar al perro a alejarse sea fácil: en primer lugar la puerta trasera de mi casa sale directamente al campo y en segundo lugar mis perros adultos que ya tienen construida esta conducta ayudan a que el cachorro se aleje al acompañarlos en sus exploraciones. En esta etapa nunca hago nada que potencie la dependencia: no me escondo para que se preocupe por dónde estoy, no le felicito cada vez que se me acerca voluntariamente, sólo paseo y le dejo que se dé cuenta de lo divertido e interesante que es todo: olores, sonidos. Que vea lo bien que se siente cuando corre, salta y aprende a usar su cuerpo. Que haga cosas de perro con mis otros perros, que aprenda que, en el campo, los compañeros más divertidos son mis otros perros y no yo.

Casi parece un contra-decálogo de lo que algunos textos aconsejan para enseñar la llamada a un cachorro, y sin embargo estoy particularmente contento de mi trabajo de llamada, de hecho es lo que más gusta e interesa a otros colegas cuando lo ven. Los perros acuden consistentemente, sin esperar más refuerzo que el social y cuando los libero vuelven a correr y explorar sin quedarse atentos a mi por si hay otra llamada, pero cuando les vuelvo a llamar vuelven a acudir de igual manera.

Por supuesto he comentado que mis condiciones son muy facilitadoras, pues puedo entrenar en una zona segura y sé que al llamar a mis otros perros estos acudirán y el cachorro vendrá con ellos.

Como siempre he pensado que si conocemos cómo funciona algo -aunque sea algo negativo en general- le podremos sacar partido en el adiestramiento, aunque evito que mis tengan ese “efecto yo-yo”  permanentemente empleo una técnica que me permite activarlo a voluntad: como no siempre paseo por el campo y a veces es necesario limitar la distancia de los perros por seguridad, he creado un código con mis perros: si deseo limitar su radio lo que hago es llamarlos diez o doce veces seguidas nada más empezar la salida cuando alcanzan la distancia que he decidido, cuando inicio una salida con este trabajo los perros saben que deben mantenerse en este radio y así puedo sacarlos por diferentes lugares con seguridad. Pero nunca hago este trabajo hasta que he completado la llamada sin dependencia.


Si potenciáis que los cachorros se alejen, exploren, tengan conductas expansivas conseguiréis un máximo de disfrute de las salidas
: de ellos que pueden ser y actuar como perros con mayúsculas y vuestro al poder verlos en su máxima expresión. Un perro sin autonomía es un perro menos feliz.

Es un error muy común en adiestradores de todos los niveles consolidar algunos fallos o incorrecciones junto a conductas que hemos enseñado.

A veces nos sorprende lo fácil que resulta variar una conducta adiestrada que es adecuada y sin embargo lo complicado que es hacer lo mismo con una pequeña incorrección.

Esos estáticos lentos, imprecisos o avanzando, esos juntos cruzados/adelantados/retrasados… ¿por qué es tan difícil mejorarlos? Parece que cuando algo sale bien desde el principio no hay problemas en modificarlo, sin embargo cuando se tuerce de primeras… ¡es para echarse a temblar!

Lo cierto es que (como suele pasar en adiestramiento) la culpa casi siempre es nuestra, en este caso sucede por dos motivos:

El primero es la técnica inicial de enseñanza, al principio del adiestramiento debemos tener en la cabeza cuál es nuestro objetivo final y no admitir inicios que sean incompatibles con él. Es normal que los adiestradores sintamos ante el perro virgen la ansiedad del escritor ante el folio en blanco, ¡queda tanto por hacer hasta llegar a presentar el trabajo! y, cuando las cosas no van como esperamos, fácilmente admitimos cualquier salida para conseguir la conducta y evitar “atascarnos” en tal o cual ejercicio. Sobre esto ya he comentado algo en otro artículo (“Poner y no quitar”), pero añado aquí que debemos pensar en cómo va a influir nuestra sesión de hoy, no en la de mañana, sino en la de dentro de dos o tres años, cuando el grueso del trabajo del perro esté montado, lo que estoy haciendo hoy ¿me va a estar dando trabajo para “limpiárselo” de la cabeza al perro? Por ejemplo, si deseo que el perro aprenda a tumbarse hacia atrás para que dé más impresión de velocidad y que no avance en las posiciones y le empiezo confirmando por tumbarse pasando antes por sentarse (dos tiempos) eso va a trabajar contra mi objetivo final, merece la pena esperar más por tener el tumbado que realmente me conviene. Será más valiosa una aproximación al tumbado hacia atrás que una ejecución completa del tumbado incorrecto.

Hay un segundo problema, mucho más importante que el anterior, pues aunque hayamos enseñado alguna acción de manera incorrecta no debería ser un problema mejorarla hasta darle la forma adecuada, bastará con reforzar sólo las repeticiones más cercanas a la perfecta. Pero cuando una conducta se nos “atranca” lo normal es que hagamos un programa de entrenamiento perfecto para consolidar el error: Venimos de ver (o incluso de participar) en una prueba y con el subidón decidimos que no vamos a admitir más ese junto cruzado, y nos ponemos a entrenar sin reforzar las repeticiones incorrectas. Una semana después nos pueden pasar una o varias cosas: nos entran las inseguridades, tenemos lío de trabajo o familia, queremos enseñar otra acción al perro… total que nos decimos que el junto puede pasar como está y volvemos a darlo por bueno con incorrecciones. Pero vamos a un seminario y nos muestran una técnica que va como anillo al dedo a nuestro problema, nuevo subidón, otra semana sin reforzar ni un junto cruzado, como la mejora no va rápida al tiempo se repite la vuelta a las concesiones, a pensar que hay juntos peores, que Fulanito gano un mundial y también tenía el junto cruzado (sí, pero ¿el resto lo tenemos igual que Fulanito?)… Y este ciclo se repite una y otra vez. En realidad lo que sucede es que estamos reforzando el junto incorrecto de forma variable y con ello dándole mayor consistencia que a las acciones correctas, que solemos reforzar de manera más continua, lo que las hace menos resistentes a ser modificadas. Por eso no progresa cuando intentamos mejorarlo.

Si trabajas única o principalmente con procesos de condicionamiento no debes poner nunca una conducta en un programa de refuerzo variable hasta que sea la ideal, pues se hará más sólida y fija, muy difícil de modificar. Algo que se olvida con frecuencia y de lo que debería alertarse a quienes empiezan, sin embargo sólo lo he oído comentar durante seminarios a dos personas: Carlos Bueren y Javier Moral, creo que es una cosa que nos debemos apuntar todos los que impartimos formación.

Situación: Un adiestrador está enseñando el sentado a un perro, son las primeras sesiones para el perro, quizá incluso la primera.

El adiestrador ha decidido usar una técnica concreta que conoce y maneja con soltura para enseñar el sentado, puede ser con clicker, guiándolo con un premio de comida, manipulándolo hasta que queda sentado… da igual. El caso es que el perro se sienta, ¡bien!, la cosa parece que avanza.

Pero al cabo de unas repeticiones el adiestrador se da cuenta de que el perro se levanta casi al segundo de haberse sentado, ¡qué fastidio!, probaremos unas cuantas veces más a ver cómo va. Nada, se sigue levantando. Vaya, vaya, pues habrá que solucionar esto, a ver si con esta ayudita… parece que se mantiene. Vale, vamos al tumbado.

Otra vez lo mismo, el perro se tumba, responde a la técnica pero no permanece tumbado, el adiestrador recuerda una técnica que vio en un seminario, el seminario no le gustó demasiado, no cuadraba mucho con su visión del adiestramiento, pero esta técnica concreta le parece que aquí puede ir bien ¡bingo! Se queda tumbado.

El adiestrador de nuestra historia está cometiendo uno de los errores que creo que son más comunes en la etapas iniciales del adiestramiento: está sumando y no restando. Se ha hecho la pregunta incorrecta, ha pensado ¿qué hago para que se quede sentado? En lugar de pensar ¿por qué no se queda sentado?, ¿qué hace que se levante?

Si el perro ha recibido el trabajo inicial y se sienta es que estamos en el buen camino, pero ¿por qué se levanta tan rápido?

Para que un perro actúe tiene que suceder algo en el plano físico (suelo incómodo, dolor…), mental (el perro cree que debe moverse para conseguir algo…) o emocional (el perro está sobreexcitado, se siente inseguro…).

Cuando se inicia un adiestramiento se están poniendo las bases de cómo entenderá el aprendizaje y el trabajo en equipo el perro, le estamos indicando qué esperar de nosotros y qué esperamos de él.

Si empezamos a sumar técnicas que no tienen ningún denominador común estamos poniendo “parches”
. El adiestrador hace un trabajo de apaga fuegos: aquí tengo un problema y aplico cualquier cosa que me lo solucione. El perro puede aprender la conducta pero no un esquema general de aprendizaje. Nada de lo que aprende así ayuda a sostener lo anterior ni lo posterior.

Cuando el adiestrador se da cuenta de que el perro se levanta del sentado no debería pensar en la técnica para conseguir que se quede sentado sino en por qué se levanta el perro. Si el perro está sentado ¿qué le impulsa a levantarse rápidamente? Eso es lo que debemos localizar y quitar para ir construyendo unos cimientos de aprendizaje sólidos y consistentes que nos puedan llevar a una progresión continua.

En una primera etapa es más importante que el perro aprenda los códigos de comunicación, el “idioma” del adiestramiento, que las conductas o habilidades que se entrenan. De hecho en una primera etapa las conductas que entrenamos son más bien los vehículos para transmitirle dichos códigos de comunicación. Por supuesto estos códigos variarán de un tipo de adiestramiento a otro e incluso entre dos adiestradores de la misma escuela.

Si estos códigos no se transmiten con claridad el trabajo siempre se resentirá en el largo plazo, además de que nos puede dificultar enseñar algunas acciones complejas o muy afinadas.

Y sin embargo en esta primera etapa es cuando más fácilmente los adiestradores caen en “trampas” que dificultan el aprendizaje de cómo aprender. La principal de estas trampas es la excesiva preocupación por conseguir la conducta correcta. Cuando esto sucede muchos adiestradores empiezan a pensar en qué hacer para que el perro realice la conducta, y en muchas ocasiones aplican técnicas que no son compatibles con los esquemas de aprendizaje y trabajo en equipo que desean usar habitualmente con el perro.

Siguiendo con problemas comunes a razas de trabajo sensibles (característicamente los border collie, shetland, malinois y pastores australianos) hay un tema que empezó a intrigarme hace ya algunos años, se veían muchos perros de estas características en manos de competidores o profesionales que mostraban miedos e inseguridades que siempre eran achacadas a una mala socialización.

Cuando el propietario afirmaba haber socializado correctamente al perro y este seguía mostrando estos “fantasmas” se atribuía a:

1. El dueño miente y no lo ha sacado a tantos sitios como dice.

2. El propietario es un tío bruto y como estos perros son así le ha roto el carácter.

3. Con estos perros ya se sabe, siempre sale alguno con fantasmas por bien que lo hagas.

Estos tres argumentos son reales y en muchos casos el mal carácter final se debía al menos a uno de ellos.

Pero en un momento determinado, cuando me impliqué más seriamente con los malinois, decidí fijarme más.

Lo cierto es que había mucha gente que hacía lo que entendemos por un trabajo modélico de socialización: desde que el cachorro llegaba a casa con una edad correcta y criado por un criador responsable y amante de la raza se le empezaba a llevar a mil sitios y situaciones nuevas. Se reservaban tardes para ir al aeropuerto, a las fiestas del barrio, al centro comercial…

Todos los días se trabajaba para evitar que nuestro cachorro llegara a ser uno de los ejemplares que se afectaban exageradamente, además en muchos casos estos propietarios preocupados eran profesionales o competidores del adiestramiento, con un nivel de conocimiento, experiencia e implicación superior a la media.

Al hacer un pequeño censo (sin rigor de estudio) entre conocidos encontré un dato preocupante: el porcentaje de perros con miedos era igual entre aquellos cuya socialización era modélica y entre los que estaban a la buena de Dios, criándose en perreras u otros tipos de aislamiento. Recordemos que siempre me estoy refiriendo a individuos de las razas antes citadas.

Esto nos podría llevar a pensar que este problema era totalmente innato y resultaba indiferente lo que hiciésemos durante el tan temido periodo crítico.

Pero había dos datos que nos decían que esto no era así:

1. El primero, el más general, eran los estudios en un abanico más amplio de razas que mostraban que los individuos aislados tenían más problemas que los que entendemos por bien socializados.

2. El otro era más especifico, si tomábamos un tercer grupo de individuos de estas razas, los que se habían criado con un nivel intermedio de socialización, encontrábamos que eran estos los que mostraban un número sustancialmente menor de problemas.

Este grupo corresponde a particulares que llevaban el perro a los mismos sitios de paseo una y otra vez y a profesionales menos entusiastas que cuando podían llevaban al perro a algún sitio nuevo, pero sin hacer de ello una obligación diaria. Ellos eran los que tenían más calidad de carácter en sus perros.

Obviamente se deduce que hay un rango óptimo de salidas a sitios nuevos, pero a mi me interesaba saber el por qué más que encontrar dicho rango a través de un análisis estadístico.

Encontré la solución en los estudios sobre estrés, el estrés genera una activación extra del organismo. Aunque se supere y gestione ese estrés correctamente será necesario un tiempo mínimo para que el perro se recupere y no acumule estrés residual, esto sucede también con los procesos de eustrés (estrés positivo, como el que teníamos a los quince antes de una cita).

Al hacer tantas salidas a ambientes nuevos los perros más sensibles se sometían a una activación continua del estrés y cuando llegaba la siguiente salida aún no se habían podido recuperar, hasta llegar al punto donde la acumulación de estrés residual hacía el mismo efecto nocivo que la falta de socialización, y quien piense que no hay que recuperarse del estrés positivo que después de una vacaciones activas y estimulantes no vuelva a decir que necesita un par de días de recuperación antes de volver al trabajo.

Por lo anterior debemos tomar preocupación especial en que el cachorro se recupere y elimine el estrés residual correctamente: jugando con perros o personas conocidas en un ambiente seguro, recordemos que personas y lugares habituales (¡y seguros!) son un inductor de calma en mamíferos sociales. Además en la socialización es más importante la interacción continuada con individuos conocidos (miembros del grupo social) que la introducción en ambientes nuevos, y nosotros trabajamos como si el elemento principal socializador fuera conocer cosas nuevas. Error.

También el tiempo de descanso es importante. Los masajes ayudan si el perro los acepta (en Dinamarca y Noruega empiezan a ser habituales los masajistas de perros a domicilio, y los agilitistas son uno de sus principales clientes).

Con respecto a la frecuencia óptima, aunque los datos que tomamos fueron recogidos de manera guarripey y no deben ser tomados de otra manera, encontramos que dos, máximo tres salidas semanales a lo nuevo son suficientes y que a partir de ahí empieza el riesgo de exceso.

¡Pero de jugar con los amiguetes no hay más límite que el del cansancio! Así que: Más parque y menos fiestas del barrio (aunque no haya churros).

También es muy importante el tiempo y distribución de actividades en esas salidas, pero eso lo voy a desarrollar en otro artículo para no soltar un ladrillako ultramortal.

Hace unos días una nueva amiga me consultó por los problemas de su sheltie de siete meses: ante determinadas situaciones mostraba miedo y se bloqueaba. Esto era un problema para su calidad de vida y para su potencial futuro en el Agilty.

Concretamente el coche y el trasportín provocaban babeo, bloqueo emocional e incluso respuestas de huida, cuando vino a casa tardó más de diez minutos en recuperarse y empezar a jugar con mi cachorro.

Últimamente aparecen muchos perros de razas sensibles e inteligentes, particularmente border collie, shetland, pastores australianos y malinois, con problemas de bloqueo o mala gestión de las emociones negativas.

Es normal que razas sensibles y con respuestas nerviosas puedan afectarse puntualmente por algo, si no se les enseña a gestionar correctamente las emociones negativas pueden generar inseguridad, respuestas miedosas e incluso problemas más severos.

Según parece la sheltie tuvo un mal traslado de cachorra cuando fue enviada por mensajería (no suele ser buena idea enviar un cachorro por mensajería, aunque a veces es la única opción). Esto generó una mala asociación emocional tanto con el coche como con el trasportín.

Las emociones se asocian por condicionamiento clásico y son más consistentes que una asociación realizada de forma operante, además es frecuente que aparezcan procesos de autoalimentación del estado emocional: el tener miedo (el conjunto de estado interno, reacción fisiológica y  tendencia a la acción) genera más miedo por sí mismo, sin que haya más estímulos externos. Cuando esto sucede la asociación no puede ser extinguida, además será frecuente que empiece a asociar otras cosas a ese miedo, por ejemplo nuestra sheltie podría llegar en coche a la pista de trabajo y, al bajarse con el miedo provocado por el coche, asociarlo a la pista generando miedo a esta, estas transferencias pueden aumentar de forma indefinida.

Es fundamental para la calidad de vida de un perro estar preparado para gestionar correctamente los estados emocionales negativos o tendremos poca tolerancia y mala gestión del estrés, tendencia a la inconsistencia de las conductas, inseguridad e infelicidad del perro.

En este caso le recomendé lo siguiente:

Juegos de entrar en el trasportín y en el coche: Poniéndole alguna comida apetitosa dentro dejamos que sea la perra quien decide entrar,  progresivamente vamos poniéndole dificultades para acceder tanto al trasportín como al coche (trasportín lateral, puerta entreabierta, puerta pegada a una pared para que necesite mover el trasportín para entrar, periódicos arrugados llenando el trasportín…). Aquí es muy importante hacerlo bien, no deben aparecer comandos de “muy bien”, ni se deben clickar los aciertos. No estamos enseñando una acción por condicionamiento operante, no queremos que los refuerzos y confirmaciones sean externos, lo que estamos haciendo es poner al perro en una situación que percibe como emocionalmente negativa (¡cielos, el trasportín!), al aparecer algo de su interés creamos un pequeño conflicto: quiero la comida, pero me da miedo entrar. Es importante que el perro decida si le compensa afrontar lo negativo o no, si decide hacerlo va a estar aprendiendo algo mucho más importante que hacer positivo el trasportín: aprenderá que aunque tenga una emoción negativa puede trabajar y que con ese afrontamiento voluntario del miedo consigue resultados y llega a un estado emocional positivo. Le estamos enseñando a gestionar correctamente el miedo, no eliminándolo de un punto concreto. El refuerzo debe ser el menor posible y la dificultad cada vez mayor, así sustituimos el refuerzo externo (comida) por el refuerzo interno (solución de problemas). Al final conseguiremos que entrar al trasportín y al coche sea divertido y un fin por sí mismo, con lo que habremos “vuelto la tortilla” de la asociación emocional.

Pero si sólo hacemos esto, aunque mejoremos al perro de su problema concreto, no estamos terminando de prepararlo para gestionar correctamente emociones negativas.

A partir de que superemos este problema seguiremos trabajando: dentro de sus sesiones de adiestramiento normales usaremos ocasionalmente estímulos negativos de baja intensidad (una goma del pelo en una pata, un post-it en una oreja…) para que vea que trabajando accede a un estado emocional positivo aunque aparezcan ligeras incomodidades..

En mi opinión un adiestramiento debe conseguir que el perro pueda acceder a un estado emocional positivo más que evitar a toda costa los estímulos negativos, creo que hay mucha confusión entre estímulo negativo y estado emocional negativo y eso lleva a adiestramientos sobreprotectores  muy nocivos en los cachorros, que deben construir sus herramientas de gestión de las situaciones negativas, debemos saber cómo introducir elementos suavemente negativos para enseñar al perro que se pueden superar, sin esto no le estaremos preparando para tener una calidad de vida óptima.

Existen dos formas de refuerzo individual para el perro:

  1. Interno, que hace que al perro le satisfaga estar haciendo lo que hace, la misma conducta es el refuerzo.
  2. Externo, que motoriza la conducta en base a la expectativa de obtener algo de interés (comida, juguete…).

Lo más interesante es que hoy sabemos que se puede conseguir que conductas obtenidas por un tipo de refuerzo individual pasen progresivamente a ser reforzadas por el otro.
Esto permite grandes ventajas:

  1. Para el adiestramiento donde podremos conseguir que una conducta nueva, aprendida con reforzadores externos, pase a auto-reforzarse con los beneficios en economía de refuerzos y proactividad que supone. Aquí pondría un ejemplo, pero creo que la serie de vídeos de Pere Saavedra con el “rodea” en border collies es modélico:  http://www.youtube.com/view_play_list?p=F320500288017966. Lo cierto es que gran parte del nuevo libro que tengo “en el horno” se centra en cómo conseguir esto y lo iré contando en diferentes entradas.
  2. Para la corrección de conducta, que es en lo que me voy a concentrar hoy, donde una conducta que el perro realiza por diversión (refuerzo interno) puede reforzarse externamente hasta que deje de tener valor propio y se extinga al abandonar el programa de refuerzo externo.

Aquí pondré como ejemplo uno muy clarificador que me contó Pablo Roy, el responsable de los leones marinos de Zoo de Madrid: Tenían una orca que se divertía arrancando la silicona de las ventanas de su piscina, esto era un problema porque podía romper la instalación. Era obvio que la orca se aburría e intentaron varias medidas de enriquecimiento ambiental, pero lo que de verdad le molaba al bicho era ir arrancando la silicona.
Trabajar con orcas es muy didáctico porque no se sienten tentaciones de enfadarse con ellas ni de ponerse a castigar antes de pensar alternativas (¿por qué será?). Lo que hicieron fue usar un programa de refuerzo externo continuo: cada vez que cogía la silicona, pescado al canto.
¿Estaban locos premiándole por su mala conducta?, ni mucho menos, estaban haciendo que una conducta que era auto-satisfactoria, y que por ello se mantenía por sí misma, dependiera de refuerzos externos. Además al usar refuerzo continuo sabemos que la extinción al dejar de reforzar es más rápida: en un par de meses de trabajo la orca tiraba de la silicona y salía a pedir su premio, cuando dejaron de darle el pescado la orca dejó de arrancar la silicona.

Un uso alternativo y diferente de los premios para eliminar conductas incorrectas, lo hemos probado en muchas ocasiones con perros y, si se consigue el refuerzo continuo, SIEMPRE nos ha salido. Los propietarios flipan y te hacen la ola.
La verdad es que para no ser un positivo “de carnet”, mira que doy ideas de trabajo en positivo. ;-)

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