Entre los procesos de condicionamiento más utilizados y promocionados últimamente para el adiestramiento eficaz está el castigo negativo: desaparición de un estímulo positivo al aparecer una conducta que deseamos eliminar.

Antes de entrar en el tema es importante hacer notar que el castigo negativo no es la panacea para eliminar todo tipo de conducta, sólo es útil en conductas operantes, esto es, aquellas que no tienen asociados procesos de auto-refuerzo y cuya aparición depende de estar asociada a otros reforzadores, ¡que nadie espere extinguir la conducta de su perro de escarbar en el jardín dejándole hacerlo!

Es importante conocer no sólo los ámbitos de aplicación de un proceso, sino también aquellos en los que no es eficaz, pocas cosas han dado peor imagen del castigo negativo al público que su recomendación indiscriminada, con mejores intenciones que resultados, para solucionar problemas emocionales o asociados a conductas auto-reforzantes.

Pero lo cierto es que entre los profesionales el castigo negativo goza de una excelente reputación pues permite eliminar consistentemente muchas conductas sin generar conflictos ni usar estímulos negativos.

El castigo negativo tiene varias formas de aplicación, siendo la más utilizada la supresión del estímulo positivo que refuerza la conducta.

Normalmente nos limitamos a recomendar que no se refuerce al perro cuando realiza la conducta inadecuada, lo que en realidad es un mix entre extinguir una conducta premiada y un castigo negativo, hacerlo de esta manera es un proceso muy lento que puede acelerarse con facilidad si conseguimos que el perro esté recibiendo un estímulo positivo antes de realizar la conducta y este cesa al realizarla.

Por ejemplo si queremos extinguir la conducta de subírsenos encima podemos sentarnos en el suelo acariciando y mimando al perro y cuando se suba nos levantamos y terminamos la sesión. Esto requiere más preparación pero es más rápido y consistente que una de las aplicaciones usuales: cuando se suba le ignoras y cuando esté abajo le acaricias, actuar así hace que el perro aprenda que debe subirse alguna vez para “activar” en el dueño la secuencia de abajo-caricias, arriba-nada, esto es muy frecuente en particulares y ralentiza, cuando no imposibilita, el avance. Si preparamos la sesión de manera que el estímulo positivo esté siempre antes de que aparezca la conducta inadecuada sanearemos la cabeza del perro ¡y del propietario! Con lo que conseguiremos una mejora clara y rápida.

Más inusual es usar aplicar el castigo negativo por saciación.

La saciación es una aplicación del castigo negativo que consiste en mantener activo el estímulo positivo hasta que, por duración o intensidad, deje de ser positivo. En muchas ocasiones es la manera más divertida, fácil y eficaz de eliminar determinadas conductas operantes.

Creo que el uso inteligente del castigo negativo por saciación es lo que más clientes me ha hecho “ganarle” a la competencia en adiestramientos comerciales, sinceramente.

Cuando iba a entrevistar a un potencial cliente de adiestramiento comercial y tenía un perro que se subía a jugar insistentemente sabía que ninguna otra empresa le produciría mejor impresión que la nuestra.

¿Por qué? Muy sencillo, el cliente se iba a encontrar con tres actitudes por parte de los otros profesionales, tres actitudes eficaces bien aplicadas, pero menos divertidas y peor percibidas por el cliente.

1- Una corrección en negativo por parte del adiestrador como interponer la rodilla al saltar el perro, molestarle en las patas traseras o pisarle una correa para bloquear el salto. Esto no les gusta a la mayoría de clientes y muchos perros se impresionan demasiado, además de que hay que ser diestro haciéndolo.

2- Un castigo por supresión, ignorando al perro activamente hasta que dejaba de saltar y reforzándole entonces, esta técnica, aparte de los problemas que he comentado antes, resulta insufrible para algunos clientes que ven como sus perros se volvían insistentes (temas de la curva de extinción y de superactivación que causa un cambio de actitud de un compañero social) hasta más allá de su aguante. Y desde luego en ese primer día olvídate de conseguir un trabajo que el cliente perciba como perfecto.

3- Contra-condicionar
al perro con otra acción, como sentarse, esto no siempre es fácil para el dueño pues el primer día se encuentra con muchas cosas que pedirle-enseñarle-evaluar al perro.

Y llegaba yo, con la saciación en la mochila, y le decía al cliente: ¡bien, si quiere amor démosle amor! y le pedía al dueño que se pusiera a abrazar y dar cariño a su perro con todo el entusiasmo del mundo, a los pocos minutos el perro decía ¡eh, ya basta!, pero de eso nada ¡más amor!

El dueño se divertía haciéndolo, era fácil desde el primer día y obtenía resultados más rápidos que las otras estrategias (vuelvo a recordar que las otras estrategias bien aplicada tienen excelentes resultados, pero requieren un plazo mayor y son peor percibidas en sus inicios por el cliente).

¡Anda que no era divertido para un cliente cuyo border era un “okupa” de sofás no dejar que bajara del sofá para enseñarle a no usarlo! Aunque esto no lo intentéis con perros vagos: a lo mejor necesitáis treinta horas para que sea eficaz. Adapta tus técnicas al perro concreto, no intentes encajar a todos los perros en las mismas técnicas.

Este es un artículo que deseo especialmente que os guste ¡he sacrificado uno de mis mejores ganchos comerciales para escribirlo!

Cuando Richard Ibarburu comentó –muy acertadamente- en otro post el exceso de luring como ejemplo de un trabajo en positivo que podía impedir la aparición de elecciones didácticas me di cuenta de que últimamente siempre que los adiestradores (yo el primero) hablamos de luring es para referirnos a los problemas que puede causar, a sus limitaciones

Hace poco la escuela Security Dogs tuvo la gentileza de invitarme a un seminario de Fernando Silva quien, en un momento dado, utilizó luring para inducir a una perra a realizar una acción, dos de los cursillistas se miraron y uno le dijo al otro “¡luring!”, bastó esto para que pusieran un gesto cómplice de decepción. Pero es que el mismo Fernando Silva se dirigió a los asistentes y reconoció “esto es demasiado luring para mi gusto, pero a veces hay que hacerlo”, casi era una disculpa. Personalmente creo que en ese momento y en ese trabajo concreto ninguna otra técnica hubiera sido más eficaz o adecuada, lo que es lógico al referirnos a un adiestrador de su nivel.

¿Realmente es el luring tan malo?
¿Cómo hemos llegado a la situación en la que a todos nos sale un reojo ácido al referirnos al luring?

Para responder a esto debemos hacer un pequeño análisis de qué es el luring y qué efectos provoca en el aprendizaje.

El luring o señuelo es la técnica de guiar a un perro a realizar una acción directamente con algún reforzador primario, usualmente comida. Esta presencia del reforzador primario es la que marca la mayoría de las diferencias con otras técnicas, al estar presente el reforzador primario suceden dos cosas muy relevantes:

La atención del perro se concentra en dicho reforzador, pasando a un segundo plano de la atención los demás estímulos presentes.

El perro está sintiéndose reforzado de continuo y no sólo cuando obtiene el refuerzo.

Esto nos trae una serie de consecuencias para el adiestramiento, consecuencias que no debemos considerar buenas o malas, conociéndolas bien podremos saber cuándo juegan a favor de nuestros objetivos y cuándo van a causarnos problemas o retrasos (si el luring te da limones…).

Al estar la atención del perro muy concentrada en el señuelo recibirá peor otros estímulos del entorno, por lo que puede casi ni oír un click o un comando que estemos usando, lo que retrasa y empeora estas asociaciones ¡pero también nos sirve para que un perro sin experiencia aprenda a concentrarse en el trabajo desconectándose del entorno, lo que es muy aprovechable al iniciar adiestramientos comerciales a domicilio que pueden realizarse en el parque donde el perro sale a jugar!

Es cierto que el timing es peor y que el perro se siente premiado todo el tiempo, pero esto, que nos impide darle todo el valor a la conducta de más calidad, también puede servirnos para establecer una asociación emocional positiva del perro con el trabajo, lo que puede ser más valioso en determinados ejemplares. También puede facilitar el manejo de un perro con el que no tenemos una relación previa, como sucede en adiestramientos comerciales.

Para tener una visión amplia de esto voy a enumerar los principales beneficios y problemas que causa el luring, veréis que según sean el perro, el momento del adiestramiento y el trabajo nos interesará o no utilizar esta estructura de adiestramiento.

Beneficios:

Entrenar concentración positiva en perros que tienen dificultad en mantener su atención en el trabajo de forma continua.

Conseguir concentración en entornos o situaciones difíciles, lo que ya hemos dicho que puede ser de utilidad para trabajar en el parque donde pasea y juega el perro o también cuando hay muchos perros juntos en pista. Hay mucha gente que se ufana de trabajar sin luring, pero luego necesitan estar solos en la pista, sin otros perros y casi en un silencio absoluto para que el perro trabaje ¿no sería mejor y más práctico hacer un par de días de luring para entrenar la concentración y las expectativas en lugar de montar estos “entrenamientos-santuario”?

Apartar al fondo de la atención estímulos que no deseamos que perciba, lo que permite que se superen pequeñas inseguridades, que dejen de concentrarse en agredir a otros perros (o personas)… todo esto consiguiendo un estado emocional positivo y, como todo el rato que el perro sigue la comida está sintiéndose premiado, estamos premiando por no realizar estas conductas. Buen apoyo para iniciar contra-condicionamientos en terapias.

Entrenar patrones motores y no conductas finales. En determinados trabajos deportivos no nos interesa que el perro “haga” algo sino “cómo” lo haga, no me interesa que el pero se tumbe sino que la combinación músculo-esquelética que le lleva a tumbarse sea una concreta (es muy importante saber cuándo estamos entrenando conducta final y cuándo patrones motores para el trabajo deportivo). Para conseguir que el perro realice estos patrones motores desde el principio y se fije una memoria muscular el luring es sencillamente insustituible.

Inducir algunas conductas que sería muy difícil o imposible conseguir de otra manera.

Atenuar indecisiones o inseguridades, un perro puede querer trabajar e ir avanzando, pero si es algo sensible también puede acumular tensión por la inseguridad, el luring ocasional en conductas indecisas genera un plus de consistencia que nos permitirá volver a otras formas de entrenamiento con mayor empuje y un cimiento de trabajo más sólido.

Problemas:

Mala percepción del entorno, incluyendo refuerzos condicionados como el clicker, el comando y ¡su guía! Con lo que será más lento y menos claro el trabajo con respecto a estos parámetros.

Máxima concentración en motores de conducta egoísta, al estar siguiendo el señuelo, el perro no percibe que tenga que coordinarse con su guía o atender a sus indicaciones, también el afecto pasa a un segundo (o tercer) plano, con lo que la coordinación y la activación de motores sociales es nula.

Mala percepción de señales/estímulos sutiles. El perro tiene la atención tan enfocada en su refuerzo que no notará otras indicaciones que podamos querer introducir para afinar o avanzar el trabajo.

Transición “dura” a otras formas de trabajar la acción. Este es uno de los principales problemas, cuando retiramos el luring para utilizar otras estructuras de enseñanza-aprendizaje muchos perros muestran dificultades severas en la transición, una vez más esto, que generalmente es un problema, puede ser aprovechado a nuestro favor (al hacer un escalón con señuelo contrario ponemos esta dificultad a trabajar para nosotros).

No hay activación de la capacidad de solución de problemas, haciendo que el perro siga el señuelo estamos ante el caso del “la zanahoria delante del burro”, como decían en otro post, por lo que la solución de problemas como motor de aprendizaje es cero.

Ausencia de auto-refuerzo, al estar el perro continuamente reforzado de forma externa y no estar activa la solución de problemas durante el luring no aparece nada de auto-refuerzo en el perro.

Aprendizaje grosero, poco sutil. Al estar tan centrada la atención del perro en el refuerzo y al ser de mala calidad el timing, el perro aprende únicamente las partes más evidentes de la conducta entrenada, sin ser capaz de notar avances pequeños o modificaciones de dicha conducta principal.

Reactividad del perro, falta de proactividad. El perro depende totalmente de nosotros y de estímulos externos para llevar a cabo la conducta.

Merma de autonomía, por lo anterior tendremos un perro que será incapaz de trabajar sin apoyos muy fuertes y no nos ofrecerá conductas por sí mismo.

Una vez más debemos tomar en cuenta cuáles son nuestros objetivos de adiestramiento y nuestras posibilidades de entreno para elegir si el luring nos podrá ayudar o por el contrario se portará como un falso amigo que, tras su apariencia de facilidad, nos dificulte la consecución de resultados. Así podremos usarlo o deshecharlo cuando convenga, y reconocer con la cabeza bien alta “sí, yo también uso luring”.