Es frecuente que amigos que comparten la afición por el adiestramiento se planteen dar el paso a la actividad profesional montando una empresa entre ellos.

Pero estas empresas pueden acabar como el rosario de la aurora, terminando en muchos casos no sólo con la unión profesional sino con la amistad anterior que unía a los socios. En el mundo del adiestramiento de perros quien más y quien menos hemos pasado por esta situación, desagradable y emocionalmente agotadora.

Sin embargo creo que es posible que lleguen a buen  puerto con una serie de normas que eviten la mayoría de malos entendidos y desencuentros.

Quizá el principal problema en estos casos es el nivel de implicación y las horas invertidas, es frecuente que la disponibilidad de tiempo (o las ganas) de los diferentes socios sea distinta. Esta idea del “cada uno que haga lo que pueda”, que al principio a todos les parece aceptable, termina convirtiéndose en una sensación de abuso por parte de los más currantes, que sienten que trabajan para su/s compañeros y que los repartos de dinero son muy injustos ¡y las frases del tipo “tú ya sabías que por las tardes yo no puedo adiestrar” no ayudan nada!

Mi propuesta es dividir el trabajo en categorías según dónde se realiza, no muchas categorías basta con dos o tres, por ejemplo: Trabajo de oficina, trabajo en la calle y desplazamientos largos. Después se le asigna un sueldo por hora trabajada a cada categoría, por ejemplo: cinco euros/hora la oficina, diez euros/hora el trabajo de calle y doce euros hora los desplazamientos largos. Cada uno de los socios cobrará las horas trabajadas y sólo se dividirá el (supuesto) beneficio que se obtenga tras pagar el trabajo de cada uno.

En este modelo es muy importante evitar asignar sueldos por dificultad técnica, por ejemplo dando un precio diferente a las horas que se pasan adiestrando que  a las horas que se pasen buzoneando: ambos pertenecerían a la categoría “trabajo en la calle” y deben pagarse igual. Lo que evita que unos se sientan subordinados de otros, lo que es muy frecuente cuando no todos los socios tienen el mismo nivel de cualificación técnica.

También recomiendo dividir al menos una parte de los beneficios obtenidos de forma proporcional a las horas de trabajo. Esto es importante en empresas que suelen montarse con una inversión inicial muy cercana a cero euros, aunque un socio no cobre horas trabajadas sí que irá cobrando los beneficios que, esperamos, serán crecientes. Para cobrar beneficios debe invertirse algo: dinero o trabajo, si no más que un socio tenemos un parásito.

También se debe establecer un número de horas mínimas y máximas de trabajo a la semana, el mínimo nos hace ver si los socios están realmente en la empresa o sólo lo parece. El máximo de horas evita que alguien se sobrecargue, con el agotamiento mental que esto supone. Si alguien trabaja en exceso estará más predispuesto a pensar que él es la empresa, a sentir que los demás no toman en serio el proyecto… y esto en muchos casos es falso, realmente otro socio puede trabajar pocas horas pero estas hacerlas con entusiasmo y eficacia. Este no es un socio parásito y no es justo que la tomemos con él, no siempre el que más trabaja tiene la razón en este tipo de discusiones. Si ponemos mínimos y máximos estos problemas disminuyen radicalmente.

Este modelo facilita llevar al día a día una frase que mi amigo Cándido repetía mucho: “Cuentas claras hacen amistades largas”.

En algunos casos perros que compiten en complejas disciplinas de adiestramiento con un alto nivel de resultados son compañeros incómodos en extremo, siendo muy difícil la convivencia con ellos, lo que los relega a vivir en perreras u otros espacios ajenos al núcleo familiar ¿por qué sucede esto? ¿por qué un perro que saca altísimas puntuaciones en complejos ejercicios de obediencia no se integra en el grupo social de forma armónica? Es bien cierto que en muchos de estos individuos se ha seleccionado un fuerte carácter y un nivel de actividad muy alto que hacen que hacen más complejo su manejo.

Pero esto, que es un buen motivo para que dichos perros den problemas a dueños noveles, no debería justificar que adiestradores expertos que conocen, buscan y preparan a este tipo de perros no puedan conseguir una convivencia normalizada con ellos.

La principal causante de esta situación es la confusión entre aprendizaje y educación, el adiestramiento suele utilizar procesos de aprendizaje (normalmente condicionamiento operante o procesos cognitivos) que hacen que el perro motorice las conductas en base a motivaciones de interés puramente individual. La educación es un proceso diferente que debe afrontarse desde una óptica diferente.

La educación es un tipo especial de aprendizaje (o la combinación de múltiples tipos de aprendizaje) que tiene como objeto la correcta integración, maduración y eficacia del individuo en su grupo social. Por ello tiene que implicar al afecto, los objetivos comunes y otra serie de características necesarias en el adulto equilibrado.

La educación es especialmente importante en los animales altriciales, pues las infancias prolongadas implican dependencia de la madre y otros miembros de su grupo durante un espacio de tiempo relativamente prolongado. Por ello un modelo de adiestramiento que no tome en cuenta las relaciones del cachorro con su grupo social no solo es menos eficaz sino que muy probablemente dé lugar a adultos disfuncionales.

Para alcanzar estos objetivos la educación debe cumplir una serie de premisas particulares, cuyo conocimiento nos es particularmente interesante para saber como integrar al perro en nuestro entorno familiar de la forma más correcta posible. Adiestramiento y educación deben ir de la mano para lograr un animal social y manejable.

Si el perro se cría en compañía –además de personas- de otros perros bien educados y sociales, y se les permite una interacción libre y prolongada es muy probable que la educación sea construida correctamente. Sin embargo perros que tienen contacto solamente con personas durante su infancia pueden tener algunas carencias, bien por desconocimiento, bien por la aplicación de ideas de adiestramiento sin consistencia etológica suficiente.

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