Aunque mis alumnos de Abril de 2008 en adelante tienen esta información en las actualizaciones al libro que se entregan en nuestros cursos, varias personas me han comentado que es un tema bastante desconocido y que merecía la pena hacer este “corta y pega”, con mis disculpas a los que ya conocen el texto.

El perro es un animal capaz de recibir señales discretas y graduadas de su entorno y grupo social.

Las señales discretas son señales de todo/nada, no tienen diferentes intensidades o la diferencia de intensidad es irrelevante para el mensaje principal. Suelen estar relacionadas con la aparición de recursos o peligros, por ello la claridad es el parámetro más importante, no recibir o malinterpretar una señal de esta índole puede tener una repercusión económica o vital grave para el perro. Las señales discretas suelen relacionarse con sucesos de interés que están fuera del grupo social.

Las señales graduadas son aquellas sometidas a variaciones en forma y/o intensidad según el estado emocional del emisor. Son las más usadas dentro del grupo social y permiten situaciones interactivas entre dos sujetos. Por ello son las más relevantes para la convivencia.

Quizá uno de los efectos más nocivos en la educación de los perros que se derivan de la visión del adiestramiento como una suma de condicionamientos operantes es el “desentrenar” a los perros para la recepción y evaluación de las señales graduadas, el perro que se limita a evaluar la información que viene de sus compañeros sociales como blanco o negro será un miembro del grupo incompetente y tendrá dificultades para establecer relaciones sutiles con su guía, pues se le enseña a desatender señales no directamente relacionadas con bueno o malo. Lo que puede resultar muy beneficioso en los inicios del adiestramiento por su claridad para que el perro aprenda acciones nuevas no es lo más conveniente para el manejo del perro ya adiestrado, que se enriquecería con los matices en la información que percibe de su guía.

Para adiestrar nos puede resultar suficiente el uso de señales discretas, para educar necesitamos que el perro potencie su naturaleza de recibir señales graduadas, pues esto aumentará su capacidad de actuar correctamente en el entorno familiar. Los mamíferos sociales están particularmente preparados para la recepción y emisión de señales graduadas, pues esto permite que un animal sepa si su conducta es recibida con cierta alegría, con cierto enfado (o con mucho) y graduar sus acciones sociales a lo que cada individuo del grupo, en cada situación, es receptivo. Así el perro debe aprender a recibir y emitir mensajes al resto del grupo con diferentes niveles.

Hoy se sabe que múltiples animales, una vez cubiertas sus necesidades de supervivencia buscan mejorar su bienestar o confort ( Korttland 1940 explicita la búsqueda del confort en animales). El descubrimiento de esta característica nos mostró que la forma de generar conducta -tanto social como individual- y el aprendizaje de los animales que tienen asegurados sus recursos (comida, agua, lugar de descanso…) en cantidad y calidad suficiente y que además viven en condiciones de seguridad continuada es diferente a la de aquellos otros que no tienen estas garantías. Así pues tenemos que la misma especie mostrará diferencias en su etología según se encuentre en un nicho ecológico de lucha por la supervivencia o de búsqueda del bienestar.

Existen una serie de conductas o movimientos que son indicadores de que un perro se encuentra en situación de bienestar (Baerends 1960 acuña la expresión “movimientos de confort”). La aparición de estas conductas de forma frecuente es un indicador de la calidad de vida y de la salud mental y emocional del perro más fiable que la ausencia de señales de apaciguamiento o la búsqueda activa de refuerzos externos. Entre las conductas de confort  o bienestar en el perro están el juego (social o individual), las invitaciones al juego, el “revolcarse” en la hierba, el descansar muy extendidos y patas arriba,  el descansar en lugares abiertos en lugar de preferir rincones o lugares cerrados, solicitar contacto tocando con las patas o la nariz, la actitud “expansiva”, el movimiento con saltos y giros bruscos…. Si estas actitudes son continuadas y habituales tendremos a nuestro perro en la situación óptima: sus objetivos conductuales estarán destinados principalmente a “disfrutar de la vida” y no a luchar por la supervivencia. Obviamente un perro en estado de bienestar podrá disfrutar más del adiestramiento y de la convivencia con nosotros.

Una de las características de los movimientos de confort es que en una gran cantidad de casos no tienen un fin comunicativo, un perro se puede revolcar en la hierba sin que nadie lo esté mirando y desde luego al dormir de una u otra manera no intenta informar a nadie de nada, por supuesto si otro perro o una persona con conocimientos lo ve sabrá que esta contento y relajado respectivamente, pero frente a las conductas de apaciguamiento o agresión que siempre se realizan para transmitir información a otro individuo los movimientos de confort no necesariamente tienen dicho objetivo informativo ¡salvo en aquellos casos en que quiera que compartamos su bienestar invitándonos a jugar!

En ocasiones un buen trabajo no es valorado de forma positiva, si estamos ofreciendo un servicio de calidad pero los clientes no están contentos tenemos un problema. Y uno de los grandes.

Aunque es habitual escuchar a los adiestradores comerciales quejarse de esto, casi nunca se sienten responsables: puesto que el adiestramiento es bueno, piensan, el fallo tiene que estar en quien no sabe valorarlo. Esta suposición suele ser falsa, por supuesto que existen casos en los que es así, pero son minoritarios.

La satisfacción del cliente es la tercera clave del éxito comercial (las otras dos son el trabajo de calidad y la optimización del adiestramiento), para conseguirla hay que recordar lo siguiente :

  1. No hagas publicidad engañosa: Muchas veces ponemos en la publicidad todo aquello que pueda traer clientes y no nos paramos a pensar en ello después. El cliente se acuerda y lo espera: Si no haces trabajo en positivo, no pongas que lo haces porque te parece más comercial, por el contrario si consideras que es mejor dejar un porcentaje alto de fallo antes que usar técnicas en negativo no publicites resultados 100% exitosos. Si  no eres realmente especialista en una raza no digas que lo eres. Si lo que publicitas y lo que haces no cuadra tu cliente no estará satisfecho aunque el adiestramiento quede bien.
  2. Deja claro dónde crees que va a llegar el adiestramiento: Los particulares suelen querer que el perro no falle jamás, aunque se abran los cielos y arda Troya. Esto no se puede conseguir, si los perros no fallaran no habría campeonatos de adiestramiento ¡todos los participantes sacarían cien puntos! Debe indicarse al cliente dónde puede llegar su perro, y debe hacerse con claridad, no respondiendo con frases como “ya veremos lo que se consigue”, “haré todo lo posible”… Estas ambigüedades suelen darse por miedo a no ser contratados, hay que ser claro desde el primer momento. Es preferible que no nos contraten a que se sientan estafados.
  3. Asegúrate de saber qué es lo que el cliente quiere: Porque la mayoría de la gente busque lo mismo en un adiestramiento no supongas que es igual para todo el mundo. A lo mejor  que el perro no entre en la cocina mientras hacen la cena es más importante que la ejecución de un junto perfecto. Dedica tiempo a averiguar las prioridades y objetivos de cada cliente y antes de terminar el adiestramiento asegúrate de que considera que se han alcanzado. Es mejor dar un par de sesiones extra que dejar un cliente con sensación de “adiestramientus-interruptus”.
  4. El perro debe funcionar con el cliente, no contigo: Quizá la frase que más odio escuchar a un adiestrador es “conmigo el perro iba perfecto, pero desde el principio supe que a ellos no les haría ni caso”  ¡Pues si sabías que no resultaría no lo aceptes! Es fácil olvidar que no cobramos por adiestrar al perro, sino al equipo propietario(s)/perro.
  5. No prometas cosas innecesarias: Uno de los motivos más frecuentes de insatisfacción es que el adiestrador diga que “se pasará en unos días a dar un repaso” o “a ver cómo va”, que llamará para interesarse… y no lo haga. Cuando un adiestramiento está terminado y hay trabajo es fácil olvidar estas cosas, que muchas veces se ofrecen a la ligera. Pero el cliente lo habrá tomado como un compromiso y si faltamos a él sentirá que le hemos desatendido. Aunque el perro tenga un adiestramiento modélico.
  6. No hables mal de tu competencia: Seguro que tienes argumentos para defender tus servicios sin tener que decir lo malos-malísimos que son los otros, hacerlo da una impresión pésima. Además se supone que todos estamos en lo mismo, compitamos pero no peleemos.
  7. Sé formal: Los retrasos, las anulaciones de clases, los cambios del horario pactado… potencian una imagen de “sí, sabe mucho de perros pero no es una persona seria”  No hagas nada de lo anterior salvo en los casos inevitables, ¡que te apetezca una buena siesta no es “inevitable”!
  8. Deja claro cuánto, cómo y cuándo vas a cobrar: Ser ambiguo en esto levanta susceptibilidades con rapidez, y más como está la cosa.
  9. Asegúrate de recibir tu dinero: Cobrar no sólo es importante por aquello de comer todos los días y pagar la hipoteca, si alguien no te paga puedes estar seguro de que hablará mal de ti para justificarse. Puede llegar a hacerte mucho daño, evitarlo es prioritario.

Los perros no poseen, al contrario que nosotros, un código lingüístico que les permita operar mentalmente con símbolos (las palabras) que representan cosas. Por ello debemos suponer que operan con imágenes mentales sensoriales (uni-sensoriales o multi-sensoriales) de aquellas cosas que conocen o aprenden. Esto es lo que más nos dificulta el trabajo, su forma de pensar es totalmente distinta a la nuestra, sólo algunos autistas leves (como Temple Grandin) que tienen la imposibilidad de pensar con palabras nos pueden contar cómo es la experiencia mental de operar con imágenes sensoriales. De sus experiencias podemos sacar mucha información sobre cómo piensan realmente los perros.

Gran parte de nuestra extraordinaria facilidad para pensar en cosas complejas procede de nuestra capacidad de codificar la información de forma simbólica y operar estos símbolos en nuestra cabeza en lugar de usar directamente imágenes mentales, para ilustrar esto propongo al lector un pequeño ejercicio: evoque mentalmente la imagen de una persona conocida, no piense en su nombre sino visualícelo, bien, ahora imagine que está montado en un caballo, cuando lo consiga imagine que ese caballo con su amigo montado está saltando un seto. Bien, si ha realizado el ejercicio habrá notado que, según incorporaba elementos a su visualización, le costaba más esfuerzo y que probablemente la imagen no fuera todo lo precisa que pudiera ser. Ahora piense en el nombre de su amigo y repítase mentalmente la frase: Fulanito montando en un caballo y saltando un seto. Esto sí que no ha supuesto esfuerzo, en cuanto ha convertido esas imágenes en símbolos operar con ellas es muy fácil, rápido y descansado. Los perros operan de la primera y más trabajosa manera.

Manejar símbolos es una forma de optimizar la capacidad de computación del cerebro, esto es lo que hace tan listos a los ordenadores: con una combinación binaria de símbolos muy simples (ceros y unos) pueden realizar una gran cantidad de procesos mentales muy complejos. ¿Por qué sucede esto?, cuando usted piensa en imágenes su cerebro tiene que dedicar mucho esfuerzo a construir dicha imagen: debe ponerle algún tipo de ropa a su amigo, pensar en un color para el caballo, la forma y disposición del seto, pese a que yo no le he pedido nada de esto usted necesita hacerlo para poder construir la imagen, sin embargo al simbolizarlo en palabras ese esfuerzo no es necesario, no tenemos que conocer la ropa, el color del caballo ni ningún otro dato excepto el mínimo que yo le he pedido: Fulanito montado a caballo y saltando un seto. Los perros no tiene esta capacidad de traducir a símbolos, y con ello reducir al mínimo la cantidad de información relevante para ese momento, por ello su forma de pensar es más lenta y requiere una cantidad importante de recuerdos sensoriales.

Afortunadamente hoy día sabemos cómo construir, facilitar y “dirigir” estos procesos.

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